Las pruebas de Rainhill demostraron que una locomotora de vapor podía arrastrar de forma fiable un tren de pasajeros en una vía pública. La competición fue organizada por el Ferrocarril de Liverpool y Manchester (L&MR) para decidir qué máquina operaría su nueva línea. La junta del ferrocarril nombró a tres jueces, John Urpeth Rastrick, Nicholas Wood y William James, y ofreció un premio de £500 a cualquier diseño que pudiera completar las pruebas prescritas.
George Stephenson, de 47 años, presentó su locomotora llamada Rocket, que diseñó con su hijo Robert Stephenson, de 30 años, y la firma Robert Stephenson and Company. Las innovaciones clave de Rocket fueron una cámara de combustión de varios tubos que aumentaba la superficie de calentamiento, una tubería de explosión separada que utilizaba el vapor de escape para extraer aire a través de la caldera, y una disposición de cilindros que entregaba potencia a 25 libras por pulgada cuadrada. Estas características permitieron a Rocket alcanzar una velocidad medida de 30 millas por hora y completar el circuito de prueba de 13 millas en 13 minutos y 9 segundos, dentro del requisito de la prueba de 10 millas por hora durante cuatro recorridos consecutivos.
Las entradas competidoras incluían la Brazen, construida por Charles Brand, la Novelty, diseñada por John Braithwaite y John Ericsson, y la Perseverance, construida por Timothy Hackworth. La Novelty de Braithwaite y Ericsson alcanzó alta velocidad pero sufrió una avería de caldera después del segundo recorrido. La Perseverance de Hackworth completó los recorridos pero no pudo igualar la velocidad de Rocket, promediando solo 20 millas por hora. Los jueces registraron los resultados en el informe oficial fechado el 8 de octubre de 1829, señalando que el rendimiento de Rocket "supera las condiciones establecidas" y que las demás máquinas "no demostraron una fiabilidad comparable".
El resultado de la prueba influyó directamente en la decisión del L&MR de adquirir doce locomotoras tipo Rocket, estableciendo un diseño estándar para los ferrocarriles británicos tempranos. El éxito también validó la caldera de varios tubos, que se convirtió en una característica universal de las locomotoras posteriores. En dos años el L&MR abrió su línea, y para la década de 1840 más de 500 locomotoras basadas en los principios de Rocket estaban en servicio en Gran Bretaña, acelerando la expansión del transporte ferroviario en todo el mundo.
El Incidente del Arrow no fue un enfrentamiento espontáneo sino el resultado de un estancamiento diplomático sobre el Tratado de Nankín de 1842 y su enmienda de 1854, el Tratado de Tianjin. Gran Bretaña y Francia exigían el derecho a estacionar cónsules en el interior de China y a comerciar más allá de los puertos costeros, mientras la corte Qing resistía cualquier erosión adicional de la soberanía. En junio de 1856 el lord Elgin instruyó al enviado británico Sir Frederick Bruce a presionar el asunto, y el cónsul francés en Cantón, Monsieur de Montignac, preparó una demanda paralela. Ambas potencias enviaron una pequeña flota al río Perla con órdenes de incautar cualquier embarcación que violara las nuevas cláusulas.
El 8 de octubre una sampán china llamada Arrow, registrada en Hong Kong pero ondeando la bandera Qing, fue abordada por funcionarios chinos bajo sospecha de piratería y su tripulación detenida. El cónsul británico en Cantón, Harry Parkes, declaró ilegal la incautación porque el Arrow era una embarcación registrada en Gran Bretaña, aunque la inscripción del barco había expirado meses antes. Parkes ordenó a un destacamento naval abordar el Arrow, liberar a la tripulación y exigir una disculpa. Las autoridades chinas se negaron, argumentando que el barco ya no estaba bajo protección británica.
El mecanismo que desencadenó la guerra fue la reclamación de extraterritorialidad incorporada en los tratados anteriores: Gran Bretaña interpretó cualquier interferencia con un barco registrado británico como una violación de los derechos del tratado, y la corte Qing vio la demanda británica como una intromisión en la aplicación de la ley interna. Cuando el cañón de guerra británico HMS Cassandra disparó tiros de advertencia y los fuertes chinos devolvieron el fuego, se produjo un breve intercambio que causó bajas en ambos bandos. Los franceses, bajo el almirante Charles Rigault de Genouilly, se unieron a la acción el mismo día, añadiendo su propio bombardeo de Cantón.
Las figuras clave fueron el lord Elgin, que autorizó el uso de la fuerza para hacer cumplir los términos del tratado; Harry Parkes, que interpretó el estatus del Arrow para justificar una respuesta naval; y el virrey Qing de Liangguang, sucesor de Lin Zexu, que ordenó la detención de la tripulación. Sus decisiones convirtieron una disputa legal sobre una sola embarcación en un conflicto más amplio.
La consecuencia inmediata fue el estallido de la Segunda Guerra del Opio, que vio a las fuerzas británicas y francesas capturar los fuertes de Taku en 1858 y obligar al gobierno Qing a firmar la Convención de Pekín. Esa convención abrió más puertos al comercio extranjero, legalizó el comercio de opio y concedió a los diplomáticos extranjeros el derecho a residir en Pekín, remodelando las relaciones sino‑occidentales durante el resto del siglo.
Iván III de Moscú y Akhmát Ján de la Gran Horda se enfrentaron a orillas del río Ugra en octubre de 1480. Las dos fuerzas nunca combatieron; en su lugar ambos ejércitos permanecieron en sus respectivas riberas durante varias semanas. Iván había reunido un estimado de 40 000 hombres, mientras que la fuerza de Akhmát ascendía a unos 30 000 según las crónicas rusas contemporáneas. El enfrentamiento fue el clímax de una serie de exigencias de tributo que Moscú había resistido desde la muerte del anterior kan, Ahmed Ján, en 1475.
El mecanismo clave fue la negativa a pagar el yasaq, el tributo anual que la Horda Dorada imponía a los principados rusos. Iván III declaró impago el tributo en 1476, argumentando que la Horda ya no ejercía control efectivo. Akhmát Ján respondió marchando al oeste con la intención de forzar el cumplimiento. Cuando los ejércitos se encontraron en el Ugra, Iván ordenó la construcción de un campamento fortificado en la ribera izquierda y reforzó los puntos de cruce con empalizadas de madera. También envió emisarios exigiendo la retirada del kan, un movimiento diplomático respaldado por la visible disposición de sus tropas.
Akhmát esperaba una victoria rápida y envió un mensajero exigiendo la rendición. La respuesta de Iván, registrada en la "Crónica de los Patriarcas de Moscú", declaraba que Moscú no se sometería a la dominación extranjera. El ejército del kan sufrió escasez de suministros y el inicio de las lluvias otoñales, lo que dificultó el cruce del río. Tras tres semanas, el kan retiró sus fuerzas el 8 de octubre sin combatir. No se reportaron bajas en ninguno de los bandos, y la retirada se señaló como una decisión voluntaria más que como una derrota forzada.
La consecuencia inmediata fue el fin del llamado yugo tárico sobre Moscú. Iván III comenzó a ostentar el título de gobernante soberano, adoptando el epíteto "Gran Príncipe de toda Rus" y más tarde "Zar". También inició reformas que redujeron la influencia del derecho tártaro e integraron las antiguas tierras tributarias en un estado moscovita centralizado. El enfrentamiento demostró que un principado ruso podía resistir a la Horda Dorada sin un enfrentamiento militar directo, un precedente que fomentó una mayor expansión territorial.
En una visión a más largo plazo, el enfrentamiento en el río Ugra marcó la transición de un sistema de tributos fragmentado a una entidad política rusa independiente. Hizo concebible la idea de un estado ruso unificado, allanando el camino para la posterior unificación de las tierras rusas bajo Moscú y el surgimiento de Rusia como una gran potencia europea.
El Consejo de Calcedonia se abrió con 630 obispos de todo el Imperio Romano de Oriente, número registrado en los actas del concilio. Se reunieron en la ciudad de Calcedonia, situada en la orilla asiática del Bósforo, a unos 8 kilómetros de la capital Constantinopla, para resolver la controversia cristológica que había dividido a las iglesias durante más de dos décadas.
La disputa central concernía si Cristo poseía una naturaleza o dos; la visión anterior, conocida como monofisismo, fue defendida por Eutiques, quien había sido condenado por un sínodo de 500 obispos en 449. La visión opuesta, articulada por el Papa León I en su carta de 449 "Tomo", defendía dos naturalezas distintas, divina y humana, unidas en una sola persona. La carta de León fue leída en voz alta a los obispos reunidos, y su texto de 1.200 palabras constituyó la base doctrinal para la definición del concilio.
Después de tres días de debate, en el cuarto día el concilio emitió la Definición Calcedonia, una declaración de 27 cláusulas que afirmaba a Cristo como "un mismo Hijo, perfecto en divinidad y perfecto en humanidad, verdaderamente Dios y verdaderamente hombre", con "dos naturalezas" sin confusión ni alteración. La definición fue firmada por 517 obispos, cifra verificada por la lista de suscripciones que ha sobrevivido, mientras que 113 obispos se negaron a firmar o estaban ausentes, reflejando la profunda resistencia regional, especialmente en Egipto y Siria.
El concilio también emitió 27 cánones, el más detallado de los cuales (Canon 28) concedía al Papa de Roma una primacía de honor, indicando que el obispo de Roma debía ser consultado en asuntos que afectaran a la iglesia universal. Este canon fue firmado por 516 obispos, lo que indica una aceptación casi universal entre la jerarquía presente. Las decisiones del concilio fueron transmitidas a la corte imperial, donde el emperador Marciano, de 55 años en ese momento, aprobó la definición el 23 de octubre de 451 y ordenó la construcción de una nueva basílica cuyo costo se estimó en 200.000 solidus, según los registros financieros imperiales.
El efecto inmediato fue el cisma de las iglesias no calcedonias, estimado en alrededor de 2 millones de creyentes en las provincias orientales, que formaron jerarquías separadas que persisten hoy. Durante los siguientes 50 años, los edictos imperiales obligaron a muchos obispos disidentes a aceptar la definición, pero la división perduró, configurando el panorama teológico del cristianismo oriental durante el milenio subsiguiente.
Un incendio comenzó en un pequeño granero del lado oeste de DeKoven Street alrededor de las 9:30 a.m. del 8 de octubre de 1871. El granero almacenaba una gran cantidad de heno seco, un material que se enciende fácilmente al exponerse a una llama abierta. Una vaca en el granero derribó una lámpara, y la chispa resultante prendió el heno. El fuego se propagó rápidamente al cobertizo de madera adyacente y luego a la fila contigua de casas de madera.
El clima predominante había producido una sequía de tres meses, dejando las estructuras de madera de la ciudad extremadamente secas. Ráfagas de viento del suroeste alcanzaron velocidades de 20 a 30 millas por hora, empujando las llamas a través de las estrechas calles. A las 10:00 a.m. el fuego había llegado al distrito comercial, incendiando almacenes que guardaban madera, petróleo y otros productos inflamables. El cuerpo de bomberos, equipado con bombas de mano y un suministro limitado de agua, no pudo formar una barrera eficaz.
A las 11:15 a.m. el fuego cruzó el río Chicago mediante un puente que aún no estaba a prueba de fuego, ingresando al lado norte de la ciudad. En dos horas el incendio había destruido 17 millas cuadradas, incluyendo 2,500 estructuras y el edificio de registros públicos. La cifra oficial de muertos fue de 300, mientras que las estimaciones de personas sin hogar ascendieron a 100,000, aproximadamente un tercio de la población.
El alcalde Roswell B. Mason ordenó la evacuación del área y dirigió a los equipos de bomberos restantes a proteger la planta de agua y la penitenciaría estatal, que fueron salvadas. La respuesta de la ciudad incluyó una prohibición temporal del uso de madera para la construcción y la formación inmediata de una vigilancia voluntaria de bomberos. La legislatura estatal aprobó posteriormente una ley que exigía que los nuevos edificios se construyeran con materiales resistentes al fuego, como ladrillo o piedra.
La reconstrucción comenzó dentro de semanas, y la población de la ciudad creció a 1.1 millones para 1890, convirtiendo a Chicago en la segunda ciudad más grande de los Estados Unidos. El incendio impulsó la adopción de códigos de construcción más estrictos a nivel nacional y el desarrollo de departamentos municipales de bomberos modernos con motores de vapor y redes de agua organizadas. El evento sigue siendo un referente para las prácticas de seguridad contra incendios urbanos.