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Tecnología

Juan de la Cierva Demuestra el Autogiro

Madrid, Spain

Juan de la Cierva Demuestra el Autogiro — Madrid, Spain
Imagen: Pascual Marín · Public domain

La máquina que subió a los cielos de Madrid el 9 de julio de 1923 parecía un experimento incompleto. Tenía alas cortas, un fuselaje endeble que apenas merecía el nombre, y sobre todo ello giraba una gran hélice de cuatro palas que, de forma perturbadora, no estaba conectada al motor.

Juan de la Cierva, el ingeniero madrileño de treinta y dos años que se sentaba en la cabina, pilotó esta máquina imposible hacia el cielo. Se elevó. Se mantuvo quieto en el aire. Y en ese instante, rompió una creencia que la ingeniería había dado por definitiva: la imposibilidad de que un aparato volador subiera verticalmente sin un motor poderoso empujándolo hacia adelante.

Una semana antes, esto no era solo difícil. Era imposible. El mundo era uno donde los aviones funcionaban de una sola manera conocida: aletas fijas, motor potente, movimiento hacia adelante. Cualquier cosa que se desviara de esto era especulación de cafés. Los periodistas hablaban de sueños de locos. Los militares no financiaban inversiones en fantasía.

Pero De la Cierva no se había propuesto volar inmóvil. Había comenzado años atrás intentando resolver un problema distinto: cómo evitar que los aviones se desplomaran cuando volaban demasiado lentamente. Todos los pilotos enfrentaban este terror constante. A cierta velocidad, las alas dejaban de sostener. El aire escapaba por los lados. Solo quedaba la caída. Él buscaba una solución para esas fracciones de segundo mortales.

Lo que descubrió mientras trabajaba fue una verdad inesperada sobre las hélices. Si dejaba que una rotara libremente, sin estar conectada al motor, impulsada solo por el aire que se movía hacia arriba a través de ella—lo que después llamarían "autorotación"—el aparato podía subir lentamente. Las alas pequeñas ya no necesitaban hacer todo el trabajo. La hélice superior lo hacía casi todo.

Juan de la Cierva Demuestra el Autogiro — Madrid, Spain
Imagen: NASA/NACA, LARC · Public domain

Nadie lo había visto así antes porque nadie había intentado dejar que una hélice rotara sin que un motor la forzara. Parecía dejar que la potencia se desperdiciara. Pero era exactamente lo opuesto: era usar la potencia que el aire mismo proporcionaba.

En Madrid, con un pequeño público de curiosos y periodistas que apenas esperaban testificar nada importante ese viernes de verano, el Autogyro se levantó del suelo. No fue un aletazo de gloria. Fue un ascenso extraño, lento, casi tímido, como si el aire mismo estuviera sorprendido por lo que sucedía. El aparato permaneció donde ningún aparato debería estar capaz de permanecer: suspendido, casi inmóvil, desafiando la necesidad misma de la velocidad.

Los periódicos de Madrid al día siguiente mencionaron al inventor. Describieron el artefacto. Pero algo se perdió en la traducción entre lo que pasó en el cielo y lo que la gente leyó. Era demasiado raro, demasiado específico. No parecía el futuro. Parecía un truco.

Veinte años después, mientras los primeros helicópteros militares sobrevolaban ciudades europeas en la Segunda Guerra Mundial, nadie en esos ejércitos recordaba que había sido un español quien primero lo hizo posible. El mundo simplemente avanzó, como suele hacer, hacia aquello que sus ingenieros ya le habían prometido, sin mirar atrás para ver quién había trazado el primer camino.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Juan de la Cierva

Deporte

Se Inaugura el Primer Campeonato de Tenis de Wimbledon

London, England

Se Inaugura el Primer Campeonato de Tenis de Wimbledon — London, England
Imagen: H.W.P. · Public domain

Hace 147 años, 22 hombres en chaqueta blanca se presentaron en Londres para jugar tenis en una cancha de hierba. Uno de ellos regresaría a casa con un trofeo de plata maciza y 12 guineas —aproximadamente el salario mensual de un obrero victoriano— gracias a golpear una pelota durante 3 horas y 48 minutos. Ese torneo todavía existe. Wimbledon es ahora lo que fue entonces: el campeonato de tenis más antiguo del mundo que sigue jugándose en el mismo lugar.

Lo fascinante no es que haya durado 147 años. Es que en 1877 casi nadie sabía que el "lawn tennis" sería nada. El tenis real —ese juego de la realeza francesa con paredes y techos— llevaba 400 años dominando las cortes europeas. Pero a mediados del siglo XIX, la hierba británica ofrecía algo nuevo: un juego que cualquiera podía jugar al aire libre, sin arquitectura masiva. Los fabricantes de equipamiento deportivo lo vieron antes que los aristócratas. En 1874, Henry Wingfield patentó sus reglas. En 1877, el All England Club decidió hacer su primer campeonato formal.

Los números revelan cuán experimental fue todo. De esos 22 participantes que se inscribieron, solo 21 se presentaron. El ganador, Spencer Gore —un militar británico de 27 años—, ni siquiera era la estrella local reconocida; era un jugador competente entre varios. La entrada costaba un chelín para los espectadores, equivalente a la décima parte del costo de una entrada para ver a Elgin Marbles. Aun así, 200 personas asistieron al partido final, de pie bajo el sol de julio, presenciando lo que ninguno de ellos supo que era histórico.

Se Inaugura el Primer Campeonato de Tenis de Wimbledon — London, England
Imagen: Walter Clopton Wingfield (1833-1912) ? · Public domain

El formato era brutal por su simplicidad: una cancha única, eliminación directa, todos contra todos en rondas. El saque se ejecutaba por debajo de la cintura. La red estaba 3 pies más alta que hoy. Las pelotas eran cosidas a mano, hechas de caucho relleno de lana, y se desgastaban tan rápido que los jugadores a menudo tenían que abandonar partidos porque simplemente se deshacían. Gore ganó cada uno de sus 6 encuentros en ese torneo, derrotando a William Marshall en la final en dos sets de 6-4 y 6-2. El partido completo duró menos de una hora.

Lo que hace extraño todo esto es la ropa. Los competidores vistieron chaquetas de lana cruda, pantalones hasta el tobillo y corbatas. No existía la idea moderna de "equipamiento atlético". Se jugaba tenis como quien iba a una comida formal. Una fotografía de la multitud muestra sombreros de copa en primera fila. Las mujeres, que no fueron invitadas a competir, ocupaban tribunas separadas. El único cambio en la estructura del All England Club para el torneo fue agregar 4 bancos de madera.

Se Inaugura el Primer Campeonato de Tenis de Wimbledon — London, England
Imagen: Unknown authorUnknown author · Public domain

El torneo costó aproximadamente 10 libras esterlinas organizarlo —unos 1,500 dólares en dinero de hoy. Nadie sabía si sucedería de nuevo. Pero sucedió. En 1878 volvieron 35 participantes. En 1880 se agregó un torneo de mujeres: 13 competidoras con faldas hasta el suelo, movimiento restringido, gloria reducida. Spencer Gore nunca volvió a ganar Wimbledon. Murió en 1909, prácticamente olvidado. El trofeo que levantó sigue siendo el mismo trofeo que se levanta hoy, solo que ahora vale más de lo que él ganó en toda su vida de soldado.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/1877 Wimbledon Championships

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