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Tecnología

Satélite Telstar realiza primera transmisión televisiva transatlántica

Cape Canaveral, USA

Satélite Telstar realiza primera transmisión televisiva transatlántica — Cape Canaveral, USA
Imagen: Rama · CC BY-SA 3.0 fr

Un satélite del tamaño de una caja de herramientas, pesando apenas 77 kilogramos, orbitaba sobre el Atlántico el 23 de julio de 1962, cuando tres naciones intentaban mirar a través de él simultáneamente. Los estadounidenses querían verlo funcionar. Los británicos querían demostrar que lo habían hecho posible. Los franceses querían transmitir su bandera nacional a través del espacio, como si la Luna fuera testigo de su importancia. Lo que nadie admitía en voz alta era que todos estaban asustados de que el otro lo consiguiera primero.

Ese era el Telstar. Veinticuatro horas después de su lanzamiento desde Cape Canaveral, la señal viajó 4,800 kilómetros hacia el espacio, rebotó contra su cuerpo de espuma de poliestireno cubierto de celdas solares, y descendió nuevamente hacia Cornualles, en Inglaterra. Por primera vez en la historia, una imagen de televisión atravesó el océano sin cables, sin repetidores en el fondo marino, sin intermediarios. Era tan improbable que funconara que cuando lo hizo, los ingenieros en tres continentes sintieron algo cercano al vértigo.

Lo que la mayoría olvida es quién hizo esto realmente posible: no fue la carrera espacial soviética, aunque los sputniks la iniciaron. Fue un monopolio telefónico estadounidense llamado AT&T, específicamente su brazo de investigación, Bell Labs, que había gastado 50 millones de dólares en 1962 —más de 400 millones en dinero actual— para asegurarse de que las telecomunicaciones globales pasaran por sus manos. Telstar no era un proyecto de altruismo tecnológico. Era un acto de posicionamiento imperial. AT&T quería que el mundo entero dependiera de su infraestructura.

Lo irónico era que el satélite casi no funciona. La tecnología había existido durante años. Lo que faltaba era la voluntad política y el dinero para lanzarla. Bell Labs tenía ambos, pero necesitaba justificación. Los soviéticos les dieron la excusa perfecta. Cuando Moscú anunció que lanzaría sus propios satélites de comunicación, Washington movió el presupuesto. De repente, los transistores fueron prioritarios. Las pruebas se aceleraron. Se tomaron riesgos que normalmente no se tomarían.

Satélite Telstar realiza primera transmisión televisiva transatlántica — Cape Canaveral, USA
Imagen: Unknown authorUnknown author · Public domain

Esa primera transmisión mostró una bandera estadounidense ondeando bajo un cielo estudio. Luego vino la cabeza gigante de un anciano —Walter Cronkite— que parecía filtrarse a través de las estrellas. Después, Francia insistió en que su bandera tricolor ocupara un instante de la señal global, una pequeña negociación diplomática que se jugaba en fotogramas. La música tema del satélite, compuesta por Joe Meek, fue grabada por una banda británica llamada The Tornados, y se convirtió en un éxito mundial. El sonido era plano, artificial, exactamente lo que un satélite debería sonar si los satélites pudieran cantar.

Treinta años después, AT&T fue desmantelado. Su monopolio fue fragmentado. La telefonía celular llegó de formas que nadie en 1962 anticipó. Y Telstar, tan cuidadosamente diseñado para controlar el futuro, se convirtió en historia antigua. El satélite siguió transmitiendo durante siete años, silencioso, orbitando sobre un mundo que ya había aprendido a prescindir de él. Habría estado bien si alguien hubiera estado mirando cuando se apagó.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Telstar

Guerra y conflicto

Comienza la Batalla de Inglaterra: campaña aérea alemana

United Kingdom

Comienza la Batalla de Inglaterra: campaña aérea alemana — United Kingdom
Imagen: Australian armed forces · Public domain

A las tres de la tarde del 10 de julio de 1940, los reflectores costeros británicos barrían un cielo de verano que parecía desinteresadamente azul. Hacía cuatro años las personas que vivían allí creían que la paz era permanente. Ahora, en las salas de control de los aeródromos, los oficiales de la RAF observaban las pantallas de radar con la tensión de quien sabe que algo ha comenzado pero aún no termina de creerlo del todo.

La Luftwaffe alemana había estado probando defensas británicas desde mayo. Incursiones pequeñas, casi exploratorias, como si Hitler preguntara en voz alta qué tan afiladas eran realmente estas defensas. Pero el 10 de julio cambió la naturaleza de esa pregunta. No era curiosidad. Era guerra.

En tierra, la realidad era más mundana de lo que la historia luego contaría. Las señoras británicas recogían sus cortinas de apagón. Los niños oían las sirenas y sabían exactamente dónde entrar corriendo—al sótano, a las estaciones del metro, a los búnkeres que habían estado construyéndose con la meticulosidad de quien no tiene prisa pero sí temor constante. El sonido de los bombarderos no era el rugido que uno imagina: era más bien un zumbido sordo, persistente, casi como el de una máquina industrial manejada por alguien con propósitos muy claros.

Comienza la Batalla de Inglaterra: campaña aérea alemana — United Kingdom
Imagen: German Air Force photographer · Public domain

Lo que pocos comprendían aún era que esto no sería una batalla de semanas. Sería de meses. Ciento sesenta y nueve días exactos, desde esa primera oleada coordinada de julio hasta finales de octubre. La Luftwaffe lanzaría 375 bombarderos en esa incursión inicial. La RAF respondería con aproximadamente 200 cazas Spitfire y Hurricane. El resultado inmediato fue lo que ambos bandos necesitaban interpretar: los alemanes perdieron 44 aviones; los británicos, 13. La aritmética importaba porque cada avión británico perdido era un avión menos, un piloto menos, una brecha en el cielo que no se podía permitir el lujo de mantener abierta.

El mariscal del Aire Hugh Dowding, quien dirigía la RAF, tenía una cualidad poco romántica: sabía exactamente cuántos pilotos le quedaban, cuántos podía entrenar en una semana sin quebrarlos, cuántos estaban próximos al colapso por falta de sueño. No era un poeta. Era un contador obsesivo de cosas finitas. Lo que contaba lo asustaba profundamente.

Comienza la Batalla de Inglaterra: campaña aérea alemana — United Kingdom
Imagen: Unknown authorUnknown author · Public domain

Lo que los periódicos británicos jamás destacaron es que mientras los alemanes bombardeaban ciudades y aeródromos, sus propios pilotos usaban mapas franceses anticuados para navegar. Algunos tenían dificultades incluso para encontrar sus objetivos asignados. La invasión aérea más ambiciosa de la guerra había comenzado no con la precisión de un reloj sino con la torpeza de un ejército confiado que había conquistado Europa en seis semanas y suponía que el Reino Unido sería sencillamente más de lo mismo.

No lo fue. Y eso era exactamente lo que el cielo azul sobre Inglaterra el 10 de julio aún no había revelado: que la diferencia entre Victoria y Derrota a veces se mide en pilotos agotados navegando con mapas equivocados, buscando objetivos en una isla que se rehúsa a quedarse quieta.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Battle of Britain

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