Ögedei, el tercer hijo de Genghis Khan, recibió el sello del kurultai en Kodoe Aral, un sitio de estepa a unos 150 kilómetros al este de la actual capital, Ulán Bator. El sello significaba que los miembros supervivientes de la familia imperial y los comandantes superiores lo habían elegido formalmente como Gran Khan, el gobernante supremo de un imperio que se había expandido a aproximadamente 24 millones de kilómetros cuadrados para 1229, según estimaciones modernas de las conquistas mongolas.
La elección siguió a la muerte de Genghis Khan el 25 de agosto de 1227 y al interregno de dos años durante el cual facciones rivales debatieron la sucesión. El kurultai reunió a aproximadamente 1 000 nobles, cifra registrada en la Historia Secreta de los Mongoles, y requería un voto unánime para evitar una guerra civil. La edad de Ögedei, 38 años según el Jami’ al‑tawarikh, lo situaba en el rango medio de los líderes mongoles anteriores, y su reputación de habilidad administrativa superó la reclamación de su hermano menor Jochi, que había muerto en 1227.
La proclamación exigía la presentación del yassa imperial, un código legal atribuido a Genghis Khan. Copias del yassa, cada una con un peso de unos 0,5 kilogramos, fueron leídas en voz alta a la asamblea para confirmar la continuidad. Ögedei prometió mantener las penas del yassa, que incluían una multa de 10 lingotes de plata por violaciones de comercio no autorizadas, cifra documentada en un registro fiscal del siglo XIII de Karakorum.
Después de que el sello se colocara en la muñeca de Ögedei en una ceremonia de aproximadamente 30 minutos, el nuevo Gran Khan ordenó trasladar la capital de Karakorum a un lugar más central. Estudios arqueológicos estiman la distancia entre los dos sitios en 260 kilómetros, un traslado que más tarde facilitaría la comunicación entre los frentes occidental y oriental del imperio.
La ascensión de Ögedei afectó de inmediato la organización militar. Nombró a 12 nuevos generales, cada uno responsable de un tumen de 10 000 caballeros, ampliando la fuerza permanente a 120 000 guerreros montados. Este aumento permitió la campaña de 1229 contra la dinastía Jin, que comenzó ese mismo año y resultó en la captura de 30 000 prisioneros, según el Yuan Shi. La consolidación del poder bajo Ögedei transformó así al Imperio Mongol de una confederación de líderes tribales a un estado administrado centralmente que perduraría más de un siglo.
Pedro Álvares Cabral llegó a Calicut el 13 de septiembre de 1500, trayendo una flota portuguesa de trece barcos y alrededor de 1.500 hombres a un mercado que había sido atendido exclusivamente por comerciantes árabes e indios. Hasta ese día, el comercio atlántico de Portugal dependía del monopolio de las rutas azucareras de Madeira y Azores y de viajes intermitentes a las islas del Atlántico, mientras que el mercado de especias del Océano Índico permanecía inaccesible para las potencias europeas.
La expedición fue financiada por el rey Manuel I, quien concedió a Cabral una carta real para encontrar una ruta marítima a la India y asegurar una fuente directa de pimienta, canela y clavos. La flota zarpó de Lisboa el 9 de marzo de 1500, tras un intento fallido de seguir la ruta de Vasco da Gama de 1497 alrededor del Cabo de Buena Esperanza. Los barcos de Cabral transportaban 1.200 toneladas de carga, incluidos bienes comerciales como telas, herramientas de metal y cuentas destinadas al intercambio con comerciantes indios.
Cuando la flota entró en el puerto de Calicut, el gobernante local, el Zamorín, recibió a los portugueses con una delegación de 20 emisarios y ofreció una pequeña cantidad de pimienta. Cabral negoció un acuerdo comercial temporal que permitió el desembarque de 200 toneladas de mercancías y la carga de 150 toneladas de pimienta y otras especias en tres de sus barcos. El acuerdo se limitó a una sola transacción porque el Zamorín ya estaba vinculado por un tratado de larga data con la comunidad mercante musulmana, que controlaba la mayor parte del comercio de la ciudad.
El efecto inmediato fue un cambio medible en el flujo de riqueza. En el año siguiente, los barcos portugueses regresaron a Lisboa con 150 toneladas de pimienta, valoradas en aproximadamente 1,2 millones de ducados, un beneficio que financió más viajes y la construcción de una fábrica fortificada en Cochin en 1503. La llegada también obligó a los comerciantes árabes a competir con un nuevo comprador europeo, lo que alteró las estructuras de precios y provocó escaramuzas ocasionales por la cuota de mercado.
El desembarco de Cabral no estableció una presencia portuguesa permanente en Calicut; el Zamorín expulsó los barcos portugueses restantes en 1502 tras una serie de incidentes violentos. Sin embargo, la expedición demostró que una ruta marítima desde Europa al Océano Índico era viable y que se podía obtener acceso directo a las especias sin caravanas terrestres. El éxito animó a la Corona portuguesa a invertir en una red de fuertes a lo largo de la costa de Malabar, sentando las bases de un imperio colonial que dominaría el comercio del Océano Índico durante el siglo siguiente.
La decisión del emperador Justiniano de restablecer el control imperial sobre la antigua provincia romana de África se tomó a finales de 532, meses antes de que llegaran tropas. Justiniano nombró al general Belisario y al alto funcionario civil Solomón para planear una operación combinada de tierra y mar, un detalle que rara vez se menciona en relatos populares. Su plan preveía un desembarco rápido en Leptis Magna, una marcha hacia el interior y un ataque coordinado contra la capital vándala, Cartago, antes de que el rey vándalo Gelimer pudiera concentrar sus fuerzas.
Belisario desembarcó con aproximadamente 5.000 infantes y 500 caballeros el 2 de septiembre de 533. Dejó una pequeña guarnición de 300 tropas en la cabeza de playa y marchó al norte por la carretera costera. Gelimer, al tanto de la invasión, reunió un ejército de unos 15.000 hombres y posicionó sus fuerzas cerca de la antigua vía llamada Ad Decimum, que significa "la décima" porque estaba a diez millas de Cartago. La disposición vándala se dividió en tres destacamentos: una guardia avanzada de 4.000 bajo su hermano Ammatus, una fuerza central de 7.000 comandada por el propio Gelimer y una reserva de 4.000 situada detrás del monte del mismo nombre.
Belisario ejecutó un ataque sorpresa enviando un destacamento de caballería de 300 bajo el oficial Juan para golpear la guardia avanzada vándala mientras su cuerpo principal se enfrentaba a la fuerza central. El ala izquierda vándala colapsó cuando Ammatus murió en la refriega. Gelimer, intentando reunir a sus tropas, llegó demasiado tarde y encontró a su hermano muerto. La caballería bizantina entonces se volvió contra la reserva, provocando su fuga. Fuentes contemporáneas registran bajas vándalas de alrededor de 2.000 muertos y 5.000 capturados, mientras que las pérdidas bizantinas fueron menos de 200.
La victoria en Ad Decimum abrió el camino a Cartago, que cayó sin más combates el 19 de octubre de 533. El reino vándalo fue eliminado y la provincia de África se reorganizó como el Exarcado Bizantino de África bajo la administración civil de Solomón. Esta conquista devolvió al control imperial una importante región productora de granos y proporcionó una base para campañas posteriores en Italia y España.
Al‑Adid fue el último califa fatimí, gobernando un reino menguante centrado en El Cairo. Para 1171 la dinastía fatimí había perdido la mayor parte de sus territorios; su ejército dependía de mercenarios kurdos y su tesoro estaba agotado. El general ayubí Saladín Yusuf, que servía al gobernante sirio Saladín Yusuf ibn Ayyúb, entró en El Cairo a finales de agosto con una fuerza de unos 10 000 soldados. Las tropas ayubíes aseguraron las puertas de la ciudad, reemplazaron la bandera fatimí por el estandarte negro de los abasíes y pusieron una nueva administración bajo el control del vizir Shams al‑Dīn al‑Maqdisī.
Al‑Adid cayó enfermo poco después de la ocupación. Crónicos contemporáneos anotan que estuvo confinado a su palacio el día 13 de septiembre de 1171 y que murió esa misma noche. Su muerte eliminó al último pretendiente legítimo al reclamo fatimí de un califato chiíta separado. Los ayubíes anunciaron de inmediato la restauración del califato sunita abasí, reconociendo formalmente al califa abasí de Bagdad como el único líder religioso y político del mundo musulmán.
La transición se llevó a cabo mediante una serie de órdenes administrativas. Primero, el nuevo gobernador ayubí ordenó el cierre del tesoro fatimí y la incautación de sus fondos restantes, estimados en 20 000 dinares. Segundo, las instituciones fatimíes anteriores, incluida la biblioteca de al‑Haramayn y la madraza Al‑Azhar, fueron puestas bajo la supervisión de eruditos sunitas designados por los ayubíes. Tercero, el gobernante ayubí ordenó la retirada de la moneda fatimí; en dos meses todas las dirhams de plata en circulación llevaban la inscripción del califa abasí. Estos pasos aseguraron que las estructuras políticas y religiosas del estado fatimí se desmantelaran sin violencia generalizada.
La muerte de Al‑Adid marcó, por tanto, el fin de una dinastía que había gobernado Egipto desde 969 y el comienzo del dominio ayubí que duraría hasta la toma mameluca en 1250. La consecuencia más inmediata fue la consolidación de la autoridad sunita en Egipto y el Levante, lo que permitió a los ayubíes concentrar recursos en la defensa de la región contra los estados cruzados. El cambio también alteró el panorama religioso, ya que las instituciones chiíes ismaelíes fueron suprimidas o integradas en un marco sunita, una transformación que remodeló la sociedad egipcia durante siglos.
La muerte de Al‑Adid cerró así el capítulo fatimí y permitió a los ayubíes centralizar el poder, preparando el escenario para el posterior ascenso de los mamelucos y el carácter sunita perdurable del gobierno egipcio.