Caída de Srebrenica; 8.000 Masacrados
Srebrenica, Bosnia and Herzegovina
El general Ratko Mladić caminaba entre las tiendas de refugiados de Srebrenica con la calma de quien sabe exactamente lo que va a hacer. Ese 11 de julio de 1995, mientras las fuerzas bosnioserbia avanzaban sobre la ciudad, Mladić se permitió sonreír frente a las cámaras de televisión. Tenía los documentos que probaban que Naciones Unidas había declarado a Srebrenica una "zona de seguridad protegida". Irónicamente, eso lo hizo más fácil.
Para entender cómo ocurrió esto, hay que retroceder. Srebrenica había estado sitiada durante tres años. Una ciudad de 40.000 personas —sobre todo civiles musulmanes bosniacos— rodeada de fuerzas serbobosnias que cortaron el agua, la electricidad, los alimentos. El hambre hizo el trabajo lentamente: adultos que pesaban 40 kilos, niños cuyas costillas se marcaban bajo la piel. La gente comía wallpaper si lo encontraba. En 1993, Naciones Unidas decidió que necesitaba protección, pero cuando colocó el cartel de "zona segura", no envió soldados de verdad. Envió un batallón de 400 holandeses.
¿Cuatrocientos? Para 40.000 personas. Ni siquiera es aritmética militar; es un acto de teatro. Los holandeses lo sabían. Llevaban cascos azules y órdenes de no interferir demasiado. La mayoría de los sitios todavía creen que fueron pasivos por miedo. Parte de eso es verdad, pero hay un detalle que cambia todo: les habían ordenado —explícitamente— que no usaran la fuerza salvo en defensa propia. Cuando Mladić llegó, los holandeses no se defendieron a sí mismos. Simplemente dejaron ir.
Eso es lo que nadie subraya: la masacre no fue un arrebato. Fue declarada en voz alta antes de ocurrir. Mladić dijo públicamente qué iba a pasar. Los civiles no le creyeron. ¿Cómo iba el mundo moderno a permitir algo así? El 13 de julio, cuando ya había ocurrido la mayor parte, un corresponsal de guerra escribió: "La escala de lo que pasó supera todo lo que alguien esperaba". Esperado. Como si la expectativa fuera más importante que la realidad.
Se dice que murieron más de 8.000 bosniacos musulmanes en esos días. La cifra exacta sigue debatiéndose, pero eso es porque algunos cuerpos tardaron años en encontrarse. En 2001 descubrieron 6.000 en fosas comunes. En 2006 encontraron más. El último identificado por ADN fue en 2014. Diecinueve años después. La masacre no terminó en julio; siguió en laboratorios forenses, en ataúdes, en madres que nunca dejaron de esperar noticias.
Mladić fue capturado en 2011, juzgado, condenado. Pero el verdadero peso de Srebrenica no cae en un hombre. Cae en el hecho de que sabíamos, dijimos que sabíamos, colocamos un cartel en el mapa, y permitimos que pasara de todas formas. La zona segura fue segura solo para los que se fueron. Para los que se quedaron fue exactamente lo opuesto: un lugar donde el mundo podía verlos morir en tiempo real, y la seguridad que les prometimos significó que nadie vendría a salvarlos.