Daily History
Guerra y conflicto

Caída de Srebrenica; 8.000 Masacrados

Srebrenica, Bosnia and Herzegovina

Caída de Srebrenica; 8.000 Masacrados — Srebrenica, Bosnia and Herzegovina
Imagen: Michael Büker · CC BY-SA 3.0

El general Ratko Mladić caminaba entre las tiendas de refugiados de Srebrenica con la calma de quien sabe exactamente lo que va a hacer. Ese 11 de julio de 1995, mientras las fuerzas bosnioserbia avanzaban sobre la ciudad, Mladić se permitió sonreír frente a las cámaras de televisión. Tenía los documentos que probaban que Naciones Unidas había declarado a Srebrenica una "zona de seguridad protegida". Irónicamente, eso lo hizo más fácil.

Para entender cómo ocurrió esto, hay que retroceder. Srebrenica había estado sitiada durante tres años. Una ciudad de 40.000 personas —sobre todo civiles musulmanes bosniacos— rodeada de fuerzas serbobosnias que cortaron el agua, la electricidad, los alimentos. El hambre hizo el trabajo lentamente: adultos que pesaban 40 kilos, niños cuyas costillas se marcaban bajo la piel. La gente comía wallpaper si lo encontraba. En 1993, Naciones Unidas decidió que necesitaba protección, pero cuando colocó el cartel de "zona segura", no envió soldados de verdad. Envió un batallón de 400 holandeses.

¿Cuatrocientos? Para 40.000 personas. Ni siquiera es aritmética militar; es un acto de teatro. Los holandeses lo sabían. Llevaban cascos azules y órdenes de no interferir demasiado. La mayoría de los sitios todavía creen que fueron pasivos por miedo. Parte de eso es verdad, pero hay un detalle que cambia todo: les habían ordenado —explícitamente— que no usaran la fuerza salvo en defensa propia. Cuando Mladić llegó, los holandeses no se defendieron a sí mismos. Simplemente dejaron ir.

Caída de Srebrenica; 8.000 Masacrados — Srebrenica, Bosnia and Herzegovina
Imagen: Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0

Eso es lo que nadie subraya: la masacre no fue un arrebato. Fue declarada en voz alta antes de ocurrir. Mladić dijo públicamente qué iba a pasar. Los civiles no le creyeron. ¿Cómo iba el mundo moderno a permitir algo así? El 13 de julio, cuando ya había ocurrido la mayor parte, un corresponsal de guerra escribió: "La escala de lo que pasó supera todo lo que alguien esperaba". Esperado. Como si la expectativa fuera más importante que la realidad.

Se dice que murieron más de 8.000 bosniacos musulmanes en esos días. La cifra exacta sigue debatiéndose, pero eso es porque algunos cuerpos tardaron años en encontrarse. En 2001 descubrieron 6.000 en fosas comunes. En 2006 encontraron más. El último identificado por ADN fue en 2014. Diecinueve años después. La masacre no terminó en julio; siguió en laboratorios forenses, en ataúdes, en madres que nunca dejaron de esperar noticias.

Caída de Srebrenica; 8.000 Masacrados — Srebrenica, Bosnia and Herzegovina
Imagen: User:Emir Arven · CC BY-SA 3.0

Mladić fue capturado en 2011, juzgado, condenado. Pero el verdadero peso de Srebrenica no cae en un hombre. Cae en el hecho de que sabíamos, dijimos que sabíamos, colocamos un cartel en el mapa, y permitimos que pasara de todas formas. La zona segura fue segura solo para los que se fueron. Para los que se quedaron fue exactamente lo opuesto: un lugar donde el mundo podía verlos morir en tiempo real, y la seguridad que les prometimos significó que nadie vendría a salvarlos.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Srebrenica massacre

Exploración

Zheng He Inicia Su Primer Viaje

Nanjing, China

Zheng He Inicia Su Primer Viaje — Nanjing, China
Imagen: Marcin Konsek · CC BY-SA 4.0

A mediados del verano de 1405, los dársenas de Nanjing bullían con una actividad que parecía sacada de un sueño de ingeniero. Sesenta y dos barcos se preparaban para zarpar bajo el mando de un almirante de sesenta años llamado Zheng He, un musulmán chino, eunuco, de origen mongol, al que el emperador había confiado una tarea que ninguna flota europea ni musulmana se hubiera atrevido a concebir: cartografiar el océano Índico y más allá, como si el mundo entero fuera una posesión cartográfica por reclamar. Estos no eran las carabelas del futuro. Eran buques que medían más de cien metros de largo —algunos historiadores insisten en que superaban los ciento cuarenta—, con cascos reforzados y compartimientos estancos que no aparecerían en la arquitectura naval occidental hasta cuatro siglos después. China no estaba explorando lo desconocido. Estaba demostrando que ya lo sabía todo sobre cómo hacerlo.

Esta no era una empresa de conquista, como la imaginamos ahora. El emperador Yongle llamaba a estas expediciones sus "viajes del tesoro". El punto era proyectar poder mediante el asombro: traer de vuelta especias, animales exóticos, reconocimiento diplomático de reinos lejanos que aceptaran la supremacía cultural de Ming. Zheng He, nacido en Yunnan de una familia musulmana, había ganado la confianza imperial con su competencia estratégica y, más importante, su lealtad sin ambiciones políticas. Era perfectamente capaz de llevar miles de hombres y enormes cargamentos de seda y cerámica a través del Océano Índico sin que se le ocurriera traicionarle al emperador o quedarse con el territorio.

Lo que hizo posible este viaje fue una combinación de cosas que, tomadas por separado, parecen obvias, pero juntas constituyen un milagro logístico. Ming China dominaba la construcción naval: tenía bosques de madera, maestres carpinteros, cuerderos, veleros. Controlaba rutas comerciales internas que permitían financiar una operación de esta escala sin quebrantar la tesorería. Y poseía brújulas, astrolabios, cartas marinas suficientemente precisas como para navegar a través de miles de kilómetros de océano sin desaparecer.

Zheng He Inicia Su Primer Viaje — Nanjing, China
Imagen: User:Vmenkov · CC BY-SA 3.0

Los buques llevaban provisiones para meses, almacenes medicinales, tropas de marines, un ejército flotante de especialistas. La primera escuadra zarparía desde Nanjing en julio, atravesaría el Sudeste Asiático, entraría en el océano Índico, arribaría a Aden, Mogadiscio, la costa de Zanzíbar. Zheng He regresaría con noticias de tierras lejanas y pruebas de que Ming China era, sin discusión posible, la potencia marítima suprema del mundo.

Lo que sigue es donde la historia se vuelve melancólica, incluso extraña. Después de seis viajes más —después de tocar África, después de acumular conocimiento cartográfico que nadie más poseía— el emperador que sucedió a Yongle decidió que estos viajes eran un lujo costoso. La flota del tesoro fue desmantelada. Los registros fueron parcialmente destruidos. China se retiró del océano y nunca volvería a él con la misma ambición. Sesenta años después, cuando Colón zarpó desde España con tres barcos pequeños, estaba navegando hacia un mundo cuya verdadera cartografía ya le había sido conocida a una civilización que había decidido, misteriosamente, dejar de mirar hacia afuera. En 1405, China dominaba el mar. A los dos siglos, Europa le pertenecía.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Zheng He

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