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Guerra y conflicto

USS Indianapolis hundido por torpedos japoneses

Philippine Sea

USS Indianapolis hundido por torpedos japoneses — Philippine Sea
Imagen: Unknown authorUnknown author · Public domain

El crucero USS Indianapolis navegaba hacia Guam con un cargamento tan secreto que ni siquiera su capitán sabía qué transportaba. En realidad, llevaba las piezas del arma atómica que sería lanzada sobre Hiroshima once días después. Pero el 30 de julio de 1945, a las 00:14 horas, en el Mar de Filipinas, eso dejó de importar.

Tres torpedos japoneses golpearon el barco en rápida sucesión. El primero atravesó la proa. El segundo impactó bajo la torreta número uno. El tercero detonó en la sala de máquinas. El Indianapolis se convirtió en un infierno flotante en cuestión de segundos. Las luces se apagaron. El acero se torció. Los hombres que estaban en los comedores fueron aplastados por lo que caía desde arriba; los que dormían en los camarotes se despertaron ahogándose en agua que subía sin piedad.

El capitán Charles Butler McVay III ordenó el abandono del barco. Pero aquí ocurre algo que casi nunca se cuenta: nadie envió un mensaje de socorro. No había radiotelegrafistas disponibles en ese momento preciso. No había procedimiento establecido para un hundimiento tan catastrófico. El Indianapolis simplemente desapareció del radar del mundo.

USS Indianapolis hundido por torpedos japoneses — Philippine Sea
Imagen: U.S. Navy photo 80-G-425615 · Public domain

De los 1.196 hombres a bordo, alrededor de 900 saltaron al agua o fueron lanzados por la explosión. Sin chalecos salvavidas suficientes. Sin botes. Solo el océano, la noche, y el hecho de que nadie sabía que necesitaban rescate.

Lo que vino después fue peor que el naufragio. Los tiburones llegaron al amanecer. No fue una película de horror: fue aritmética pura. Los hombres estaban dispersos en grupos, algunos nadaban juntos, otros aislados. Los tiburones —probablemente de la especie Carcharhinus leucas, capaz de atacar en aguas profundas— hicieron su trabajo durante cuatro días y tres noches. Los hombres gritaban. Los demás escuchaban. Nadie podía hacer nada.

USS Indianapolis hundido por torpedos japoneses — Philippine Sea
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El rescate llegó por accidente. Un avión de patrulla descubrió supervivientes el 2 de agosto. De esos 900 que entraron al agua, solo 317 salieron vivos. Fue la mayor pérdida de vidas en la historia naval estadounidense en un solo incidente.

Lo absurdo que nadie menciona: el Indianapolis había sido enviado a entregar las piezas del arma que terminaría la guerra. Cumplió su misión. Pero fue hundido por un enemigo que ya estaba vencido, apenas once días antes de que Japón se rindiera. Los hombres murieron para entregar una bomba que supuestamente evitaría muertes. El capitán McVay fue sometido a consejo de guerra después, acusado de negligencia. Fue absuelto, pero pasó el resto de su vida con la culpa. En 1968, a los 70 años, se suicidó en su casa de Indiana.

La historia oficial celebra la bomba atómica como el arma que terminó la guerra. Rara vez menciona que para que llegara, 900 hombres tuvieron que morir en el océano, la mayoría en las mandíbulas de animales que solo hacían lo que su naturaleza les exigía.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/USS Indianapolis (CA-35)

Guerra y conflicto

Ejecución del Zar Nicolás II y su familia

Yekaterinburg, Russia

En la noche del 17 de julio de 1918, en una casa de Yekaterinburg, alguien pidió que trajeran una vela. No era para rezar. Era para ver bien dónde dispararían.

Lo que casi nadie recuerda es que el Zar Nicolás II ya estaba muerto políticamente hace años cuando los bolcheviques lo fusilaron. Su verdadera ejecución ocurrió en 1905, cuando decidió no ser lo que Rusia necesitaba que fuera: un autócrata dispuesto a soltar el poder. En cambio, prometió una Duma, un parlamento con dientes de cartón, y luego pasó una década saboteándola desde adentro. Eso no mata a un imperio de golpe. Lo deja moribundo y furioso.

Nicolás heredó un trono en 1894 con el tipo de confianza que solo tienen los hombres que nunca han tenido que pensar en las consecuencias. Su ministro de Finanzas le advirtió que la economía se desmoronaba. Su esposa, Alejandra, le susurraba que consultara a Rasputín, un monje borracho que supuestamente podía curar a su hijo hemofílico. Mientras tanto, Rusia perdía una guerra contra Japón, sus ciudades se llenaban de obreros hambrientos, y el Zar seguía creyendo que Dios lo había ungido para gobernar sin que nadie le cuestionara nada.

Los bolcheviques capturaron a la familia en Tobolsk en el invierno de 1917 y la trasladaron a Yekaterinburg, donde Lenin estaba perdiendo el control de la región. Los Blancos, los contrarrevolucionarios, se acercaban. Una familia real viva era un símbolo peligroso: podía convertirse en un bandera, en un pretexto para la restauración. Un Zar muerto era simplemente historia.

La orden llegó de Moscú con una frialdad burocrática que casi es peor que la pasión. No fue un arrebato revolucionario. Fue una decisión administrativa. El comandante local, Yakov Yurovsky, reunió a dieciséis hombres en el sótano de la Casa Ipatiev. Nicolás bajó con su hijo Alexei en brazos. Su esposa y sus cuatro hijas las llevaban detrás. Les dijeron que posaran para una fotografía. Era una mentira tan transparente que casi parece un insulto.

Fusilaron a los once en menos de veinte minutos. Los cuerpos fueron arrojados en una mina de platino, rociados con ácido sulfúrico, quemados. Los bolcheviques querían asegurarse de que no quedara nada: ni cuerpo, ni tumba, ni lugar de peregrinaje. Lo irónico es que fallaron. En 1991, setenta años después, arqueólogos encontraron los restos. Nicolás y su familia terminaron en un museo, en una urna de cristal, donde miles de personas vienen a mirarlos cada año. El Zar que rechazó compartir el poder terminó siendo exhibido como una curiosidad para cualquiera que compre un boleto.

La Revolución que prometía liberar a Rusia produjo un siglo de opresión bajo Stalin. Y el régimen que ejecutó al Zar para evitar que se convirtiera en un mártir hizo exactamente eso: lo convirtió en uno.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Execution of the Russian Imperial Family

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