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Exploración

Vasco da Gama llega a India

Calicut, India

Vasco da Gama llega a India — Calicut, India
Imagen: Sailko · CC BY 3.0

Un portugués que no sabía nadar se lanzó a un océano que nadie había cruzado y llegó al otro lado con once hombres vivos de una tripulación que comenzó con ciento sesenta.

Eso es lo que pasó el 31 de julio de 1498, cuando Vasco da Gama fondeó en Calicut, en la costa de Kerala, después de ciento once días navegando desde el cabo de Buena Esperanza. No fue el viaje más largo jamás realizado—los portugueses ya habían explorado la costa africana durante décadas—pero fue el que cambió todo. Por primera vez, alguien había trazado una ruta por mar desde Europa hasta Asia sin pasar por intermediarios otomanos, sin caravanas terrestres, sin pagar peajes a comerciantes que llevaban siglos controlando el dinero del comercio de especias.

Da Gama era un hombre de cuarenta años, noble pero no particularmente famoso. El rey Manuel I lo eligió casi de pasada, después de que otros capitanes rechazaran la misión. No hay registros de que fuera especialmente entusiasta. Lo que sí sabemos es que era metódico, desconfiado y brutalmente efectivo. Cuando llegó a Calicut, no envió un embajador elegante. Envió a un marinero llamado João Nunes, quien habló árabe y que logró comunicar—de alguna manera—que traía cartas del rey de Portugal.

Vasco da Gama llega a India — Calicut, India
Imagen: Georges Jansoone · CC BY 2.5

El zamorín de Calicut, el gobernante local, recibió a los portugueses con cierta curiosidad. Vasco da Gama traía regalos: sombreros rojos, camisas de lino, seis barriles de azúcar. Eran pobres para lo que el zamorín esperaba de un rey europeo. El azúcar en particular fue un insulto involuntario—Calicut producía especias y telas finas; el azúcar de Portugal no impresionaba a nadie. Aun así, las negociaciones avanzaron. Da Gama compró pimienta, canela, jengibre. Llenó sus bodegas con lo que todos en Lisboa querían y lo que costaba su peso en oro en el mercado europeo.

Lo que hace este momento extraño es lo que no sucedió. No hubo batalla. No hubo conquista. Da Gama llegó, comerció, y se fue. Pero su llegada fue el primer dominó. En una década, los portugueses construirían fortalezas en la costa india. En dos décadas, el comercio de especias por tierra habría colapsado casi completamente. Los otomanos, que habían ganado una fortuna controlando ese comercio, vieron cómo sus ingresos caían en picada. Venecia, que había prosperado durante siglos como intermediaria, entró en un lento declive.

Vasco da Gama llega a India — Calicut, India
Imagen: Descobrimentos_e_explorações_portugueses.png: *Portuguese_discoveries_and_explorations.png: *Portuguese_Empire_map.jpg: · CC BY-SA 3.0

Da Gama mismo nunca fue especialmente rico. Navegó de nuevo a India, nuevamente sobrevivió con dificultad, y murió en 1524 en Cochin, a los sesenta y cinco años, sin haber visto el reconocimiento que sus contemporáneos otorgaban a exploradores menos significativos. Pero su verdadero legado no fue la gloria personal. Fue haber demostrado que el océano Índico era navegable, que las rutas marinas podían reemplazar las terrestres, y que una pequeña nación en el borde de Europa podía, con suficiente paciencia y una vela bien orientada, reescribir el comercio mundial. Los otomanos no sabían que estaban siendo reemplazados hasta que ya era demasiado tarde.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Vasco da Gama

Tecnología

Presa de Aswan inaugurada

Aswan, Egypt

Presa de Aswan inaugurada — Aswan, Egypt
Imagen: NASA · Public domain

Cuando Anwar Sadat cortó la cinta en julio de 1970, no estaba inaugurando una presa. Estaba domesticando un río que había vencido a los faraones durante cinco mil años.

El Nilo es un capricho hecho agua. Crecía sin aviso, arrasaba aldeas enteras, se retiraba dejando hambre. Los antiguos egipcios lo adoraban porque no tenían otra opción. Durante milenios, construyeron diques de barro que se desmoronaban cada estación. Cada inundación era una lotería: las buenas traían lodo fértil y prosperidad; las malas traían ruina. Los gobiernos caían cuando el río se enojaba.

La Presa Alta de Asuán fue concebida como un acto de soberanía moderna: un acto de control absoluto. Tomó diez años construirla. Costó mil millones de dólares —una cifra astronómica en 1960— y requirió que 30,000 trabajadores excavaran, volaran roca y vertieran hormigón en cantidades que parecían inventadas. El muro final medía 111 metros de alto y 3,600 metros de largo. Contenía suficiente hormigón para construir treinta piramidales.

Presa de Aswan inaugurada — Aswan, Egypt
Imagen: Wikimedia Commons · Public domain

Lo que hizo verdaderamente extraño fue lo que desapareció debajo. El lago Nasser, el embalse creado por la presa, inundó 2,000 kilómetros cuadrados. Pueblos enteros fueron evacuados. Templos antiguos —entre ellos el de Abu Simbel, con sus colosales estatuas de Ramsés II— tuvieron que ser desmontados piedra por piedra, trasladados a tierra más alta, y reconstruidos. Fue como mudar de casa a la antigüedad misma. Los arqueólogos trabajaron contra el reloj mientras el agua subía.

Pero aquí está el giro que nadie menciona cuando alaba la ingeniería: la presa funcionó demasiado bien. Detuvo las inundaciones del Nilo por completo. Esto significaba que el lodo nutriente que había alimentado los campos durante cinco milenios dejó de llegar. Los sedimentos se acumulaban detrás de la presa. Los agricultores tuvieron que reemplazar la fertilidad natural con fertilizantes químicos sintéticos, lo que cambió la ecología del delta para siempre. El río, domesticado, se convirtió en algo menos salvaje pero también menos viviente.

Presa de Aswan inaugurada — Aswan, Egypt
Imagen: Not credited · Public domain

La presa generó electricidad —energía que iluminó ciudades, que impulsó fábricas, que permitió que Egipto imaginara un futuro industrial. Eso era real, tangible, medible. Pero también selló la suerte de los pescadores del delta, cuyas poblaciones de peces colapsaron. Controlamos el Nilo, dijeron los ingenieros. Sí, respondieron los biólogos años después, pero el costo fue un río que ya no era un río.

Sadat sonrió en la ceremonia de inauguración. Había demostrado que Egipto podía dominar la naturaleza como cualquier nación moderna. Lo que no podía demostrar era que dominar la naturaleza y vivirla en paz son dos cosas distintas. La presa sigue ahí, generando electricidad, controlando inundaciones, permitiendo la agricultura en el desierto. Pero el delta se erosiona. El Mediterráneo avanza. Ganamos control y perdimos estabilidad.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Aswan High Dam

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