Daily History
Exploración

Colón parte hacia América

Palos, Spain

El 3 de agosto de 1492, tres carabelas se mecían en el puerto de Palos de la Frontera esperando la marea. No había multitudes. No había banda de música. Un escribano anotó en el registro que Cristóbal Colón, un genovés de cincuenta y tantos años que nadie había oído mencionar fuera de los círculos cortesanos, se disponía a zarpar hacia el oeste con 87 hombres, la mayoría marineros ordinarios que cobraban un sueldo miserable y querían volver a casa. El mundo, ese 2 de agosto, seguía siendo exactamente lo que había sido durante mil años.

La geografía era una certeza. El océano Atlántico era un abismo infranqueable poblado de monstruos, según la sabiduría común. Los mapas mostraban el mundo conocido: Europa, África, Asia. Todo lo demás eran especulaciones de lunáticos y teólogos. El comercio fluía por rutas terrestres hacia Oriente, por Constantinopla, y eso era lo normal, lo que los banqueros de Sevilla y Venecia financiaban, lo que los reyes protegían. Si querías especias de la India, negociabas con los otomanos o buscabas otra ruta. Así funcionaba el mundo. Así funcionaría siempre.

Colón no era un hombre famoso. La Reina Isabel le había financiado después de rechazarlo una vez, luego otra. Llevaba años pidiendo dinero. Los cosmógrafos portugueses lo habían desestimado. Su proyecto sonaba a obsesión de un soñador. Incluso cuando los Reyes Católicos finalmente dijeron que sí, el entusiasmo fue tibio. La Corona invertía en guerras contra los moros, no en expediciones quijotescas. El dinero que Colón recibió provenía de fuentes privadas, de judíos conversos que apostaban a que quizá, solo quizá, el loco genovés tuviera razón.

Luego sucedió algo extraño: pasaron 35 días sin tierra. Los marineros comenzaron a murmurar. Luego 40 días. El 12 de octubre, un marinero llamado Rodrigo de Triana gritó desde la cofa: "¡Tierra!" Lo que vio no eran las islas especiadas de Japón que Colón creía buscar. Era un archipiélago en el Caribe que ningún europeo sabía que existía.

El mundo cambió en el instante en que ese grito cruzó el océano. No de golpe—la noticia tardó meses en llegar a España, y años en comprenderse—pero sí completamente. De pronto, el mapa necesitaba redibujarse. El Atlántico no era infranqueable. Había tierra al otro lado. Continentes enteros existían donde solo había océano. Los Reyes Católicos, que habían invertido modestamente en un proyecto arriesgado, acababan de financiar el acontecimiento más transformador de la era moderna.

Lo fascinante es lo que nadie entendía entonces: Colón nunca supo que había descubierto un mundo nuevo. Murió creyendo que había alcanzado Asia. Y los indígenas que recibieron a esos hombres pálidos en sus playas no tenían idea de que ese encuentro borraría su civilización del mapa. La mayoría de sus sucesores sí lo sabría. El 2 de agosto de 1492 fue el último día en que el mundo fue lo que siempre había sido.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Voyage of Columbus

Exploración

USS Nautilus atraviesa el Polo Norte

Arctic Ocean

USS Nautilus atraviesa el Polo Norte — Arctic Ocean
Imagen: USN official photo # 199068 · Public domain

Bajo el hielo ártico, a 500 metros de profundidad, el comandante William R. Anderson recibe un mensaje de radio que dice simplemente: «Felicidades. Acabas de llegar al Polo Norte.» Estamos el 3 de agosto de 1958. No hay champagne. No hay banda de música. Solo el zumbido sordo de los reactores nucleares del USS Nautilus y 116 hombres en una lata metálica, navegando por debajo del techo del mundo.

Antes de este momento, el Ártico era territorio de mitos. Los exploradores que lo intentaban por la superficie se congelaban. Los submarinos convencionales no podían quedarse bajo el hielo lo suficiente: necesitaban aire. Pero el Nautilus no respiraba. Sus reactores nucleares producían oxígeno químicamente, generaban su propio agua dulce, y podían mantener a la tripulación viva indefinidamente bajo el agua. Por primera vez en la historia, una nave podía atravesar el Polo Norte como quien camina por un túnel.

El viaje había comenzado cuatro días atrás en Pearl Harbor. Anderson sabía que si algo fallaba bajo el hielo, no había forma de salir a la superficie. No había un plan de rescate. No había nada excepto la fe en que una máquina de 4.000 toneladas, construida en Connecticut, funcionaría perfectamente donde ninguna otra cosa lo había hecho. Es el tipo de apuesta que solo hace sentido en la Guerra Fría, cuando ambas superpotencias estaban obsesionadas con demostrar que sus ingenieros podían lograr lo imposible.

USS Nautilus atraviesa el Polo Norte — Arctic Ocean
Imagen: Victor-ny · CC BY-SA 3.0

Lo que hace peculiar esta historia no es solo que lo lograran. Es lo que pasó después. El Nautilus no fue el primero en alcanzar el Polo Norte geográfico bajo el hielo; fue el primero en *saber* que lo había hecho. Los hombres a bordo vieron los números de latitud en sus equipos de navegación inercial y supieron con precisión cuándo habían llegado. Para las personas que lo celebraban en tierra, fue un triunfo científico limpio. Para los militares estadounidenses, fue algo más valioso: una prueba de que sus submarinos nucleares podían operar en cualquier océano del planeta, incluso el que sus enemigos creían que era inviolable.

Anderson escribió después que la tripulación estalló en aplausos cuando recibieron la confirmación. Hombres que habían estado viviendo en espacios del tamaño de armarios durante semanas, respirando aire reciclado, comiendo en turnos porque no había suficientes asientos en la sala de máquinas. La mayoría de ellos tenía menos de treinta años. Algunos eran tan jóvenes que necesitaban permiso de sus padres para alistarse. Ahora habían hecho algo que ningún ser humano había hecho: cruzar bajo el hielo ártico sin ver el cielo.

USS Nautilus atraviesa el Polo Norte — Arctic Ocean
Imagen: Wikimedia Commons · Public domain

Nadie lo menciona, pero el Nautilus pasó bajo el Polo Norte de nuevo cuatro meses después. La segunda vez fue más rápida, más rutinaria. La tercera vez ya nadie escribió artículos. Lo imposible se convirtió en un procedimiento operativo estándar tan rápido que casi nadie notó el momento en que dejó de ser especial.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/USS Nautilus (SSN-571)

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