Daily History
Guerra y conflicto

Gran Bretaña declara la guerra a Alemania, entrando en la Primera Guerra Mundial

London, United Kingdom

Gran Bretaña declara la guerra a Alemania, entrando en la Primera Guerra Mundial — London, United Kingdom
Imagen: Collection DocAnciens/docpix.fr · Public domain

Sir Edward Grey, secretario de Relaciones Exteriores británico, estaba en su despacho cuando supo que Alemania había invadido Bélgica. Miró por la ventana hacia St. James's Park, donde el atardecer caía sobre Londres, y pronunció una frase que ninguno de sus colegas olvidaría: «Las luces se apagan en toda Europa. No volveremos a verlas encendidas en nuestras vidas.» Tenía cincuenta y dos años. No sabía que acababa de describir, sin saberlo, los siguientes cuatro años.

Britania había estado observando desde las sombras durante semanas. Cuando Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia el 28 de julio, nadie en Londres se sorprendió demasiado: los Balcanes eran un polvorín conocido. Pero Alemania no iba a permitir que sus enemigos ganaran ventaja. El 1 de agosto declaró la guerra a Rusia; dos días después, a Francia. Luego vino el movimiento que cambió todo: las tropas alemanas cruzaron la frontera belga el 4 de agosto por la mañana.

Bélgica era neutral. Gran Bretaña lo sabía porque lo había garantizado en un tratado de 1839. Era una promesa vieja, casi olvidada, el tipo de cosa que los diplomáticos heredan de sus predecesores sin pensar mucho en ella. Pero las promesas tienen peso cuando se escriben en papel oficial. Cuando Alemania invadió, Gran Bretaña no tuvo escapatoria política: debía actuar o revelar que sus garantías internacionales no valían nada.

Gran Bretaña declara la guerra a Alemania, entrando en la Primera Guerra Mundial — London, United Kingdom
Imagen: John Warwick Brooke · Public domain

Ese 4 de agosto, mientras los soldados alemanes avanzaban hacia Bruselas, el Gabinete de Guerra británico se reunió en Downing Street. Herbert Asquith, el primer ministro, tenía cincuenta y dos años, la misma edad que Grey. Winston Churchill, que entonces era Primer Lord del Almirantazgo, tenía solo treinta y nueve. Un hombre llamado John French, que comandaría el Expeditionary Force británico, tenía sesenta y dos años y se preguntaba si su carrera militar terminaría en gloria o en desastre. Ninguno de ellos sabía que Francia perdería un millón de soldados. Ninguno sabía que Alemania perdería casi dos millones. Ninguno calculó que Gran Bretaña misma perdería casi un millón de hombres en los próximos cuatro años.

A las 23:00 horas de ese 4 de agosto, Grey envió un ultimátum a Alemania: retira tus tropas de Bélgica o estaremos en guerra. Sabía que Alemania no lo haría. A la medianoche, cuando no llegó respuesta, Gran Bretaña entró en la guerra. Las multitudes se reunieron en Trafalgar Square, gritando, cantando, algunos llorando. Los periódicos hablaban de aventura. Los carteles pedían voluntarios. Un joven de dieciocho años llamado Wilfred Owen, que después escribiría poesía sobre lo que vería en las trincheras, se alistó entusiasmado.

Gran Bretaña declara la guerra a Alemania, entrando en la Primera Guerra Mundial — London, United Kingdom
Imagen: Unknown authorUnknown author · Public domain

Grey estaba en lo correcto sobre las luces. Pero se equivocó en una cosa: sí volvieron a encenderse. Solo que cuando lo hicieron, iluminaron un mundo completamente distinto, y había 20 millones de cadáveres tendidos bajo ellas.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/World War I

Personajes

Anne Frank escribe su última entrada de diario antes de ser capturada

Amsterdam, Netherlands

Anne Frank escribe su última entrada de diario antes de ser capturada — Amsterdam, Netherlands

En el escondite de la Casa de atrás en Ámsterdam, una adolescente de quince años escribía sobre un chico. No sobre la guerra. No sobre el miedo. Sobre un chico llamado Peter van Daan, sus ojos, la forma en que la miraba. Era el 4 de agosto de 1944, y Anne Frank estaba escribiendo lo que sería su última entrada en el diario que había comenzado dos años atrás, cuando su familia se escondió de los nazis en un anexo secreto detrás de un librero falso.

Pero primero, el contexto: para 1944, Anne llevaba veinticinco meses viviendo en silencio absoluto con siete personas más en un espacio de menos de cincuenta metros cuadrados. No podía abrir las ventanas. No podía hacer ruido durante el día. No podía salir. Lo que la mantenía cuerda era un cuaderno de tapas de cuero rojo donde escribía cada día en holandés, con la letra inclinada de alguien que aún estaba aprendiendo a ser adulta.

El mundo exterior el 3 de agosto parecía seguir su curso previsible. Los aliados avanzaban desde Normandía. París sería liberada en dos semanas. Los nazis perdían. Pero en Ámsterdam, nadie sabía que la Gestapo había recibido una llamada anónima. Alguien, nunca se supo quién con certeza, había delatado el escondite.

Anne Frank escribe su última entrada de diario antes de ser capturada — Amsterdam, Netherlands
Imagen: Martin Gray89 · CC BY-SA 4.0

Anne escribió ese día sobre cosas ordinarias: sobre una muchacha tonta en el edificio contiguo, sobre sus sentimientos confusos, sobre la esperanza de que después de la guerra pudiera publicar un libro. Escribió con la seguridad de alguien que creía tener tiempo. Mañana escribiría más. La semana próxima escribiría más. Después de la guerra, pensaba, podría reorganizar todo esto y hacerlo real.

Tres días después, el 8 de agosto, la puerta fue derribada. Los nazis no buscaban el diario. Buscaban judíos. Encontraron a ocho.

Anne Frank escribe su última entrada de diario antes de ser capturada — Amsterdam, Netherlands
Imagen: Rodrigo Galindez · CC BY 2.0

Lo que hace que este momento sea casi insoportable de contemplar no es la tragedia en sí, que fue terrible y completa. Es la pequeña brecha entre lo que Anne esperaba escribir y lo que nunca escribiría. Su última entrada termina con una reflexión sobre su propia contradicción: "Tengo muchos defectos, lo sé. Pero una cosa en la que tengo razón es en saber que tengo un buen corazón". Escribía como si tuviera años por delante para entender quién era.

De los ocho en el escondite, solo uno sobrevivió: el padre de Anne, Otto. Ella murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen en marzo de 1945, tres meses antes de que fuera liberado. El diario que dejó atrás, rescatado por una vecina holandesa que lo encontró entre los escombros, se convirtió en uno de los documentos más leídos del siglo veinte.

Pero Anne nunca lo supo. Nunca supo que sus palabras privadas, sus confesiones sobre chicos y sus miedos y sus esperanzas adolescentes, serían leídas por millones de personas. Escribía para sí misma, creyendo que tenía todo el tiempo del mundo. Y luego, de pronto, no lo tenía.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/The Diary of Anne Frank

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