Nace Louise Brown, primer bebé fecundado in vitro
Oldham, United Kingdom
Un médico británico metió una aguja dentro de un óvulo humano y extrajo su núcleo genético. Luego insertó el núcleo de otra célula. Nada de esto debería haber funcionado. El 25 de julio de 1978, en un hospital de Oldham, funcionó.
Louise Brown pesaba 2,6 kilos. Tenía diez dedos en cada pie. Lloraba como cualquier recién nacida. Lo extraordinario no era lo que se veía sino lo que no se veía: había sido concebida fuera del cuerpo de su madre, en una placa de vidrio, bajo un microscopio.
Para entender por qué esto parecía brujería a la gente en 1978, hay que recordar qué sabía el mundo sobre la reproducción. Los óvulos humanos eran invisibles sin microscopio. Nadie había extraído uno vivo y lo había mantenido vivo fuera del cuerpo. Los científicos creían que era imposible. Durante décadas, Patrick Steptoe, un ginecólogo inglés, y Robert Edwards, un embriólogo de Cambridge, trabajaron en secreto en un laboratorio de Bourn Hall, cerca de Cambridge. Estaban intentando lo que la mayoría de sus colegas consideraba una fantasía peligrosa.
Lesley Brown, la madre de Louise, tenía 31 años y las trompas de Falopio bloqueadas. Nunca podría quedar embarazada de forma natural. Durante nueve años, ella y su marido John, un trabajador de la metalurgia de 38 años, habían intentado tener hijos. Cuando Steptoe les explicó el procedimiento, no dudaron. ¿Qué tenían que perder? El rechazo que enfrentaron fue visceral. Cartas de lectores en los periódicos los llamaban contra natura. Un obispo declaró que era un insulto a Dios. Steptoe recibió amenazas de muerte.
Pero el procedimiento mismo era ingeniosamente sencillo una vez que sabías cómo hacerlo. Steptoe desarrolló una técnica de laparoscopia: insertaba un tubo delgado con una pequeña cámara a través del ombligo de Lesley para ver sus ovarios. Cuando identificaba un óvulo maduro, pasaba una aguja a través de la misma incisión, lo extraía, y lo colocaba en una solución especial. En el laboratorio, Edwards tomaba ese óvulo y lo combinaba con esperma de John en una placa pequeña. Luego esperaban. Esperaban a que ocurriera la fertilización.
Lo que nadie menciona es cuántas veces fracasó. De cientos de intentos, solo uno resultó. Lesley quedó embarazada en su noveno ciclo de estimulación. Cuando nació Louise, fue como si el mundo entero hubiera estado conteniendo la respiración y finalmente la soltara.
Lo irónico es que Steptoe y Edwards nunca ganaron el crédito que merecían. Edwards recibió el Premio Nobel en 2010, treinta y dos años después, cuando ya era demasiado tarde para Steptoe, quien murió en 1988. Pero Louise Brown vivió. Tuvo dos hijos propios, de forma natural. Hoy vive en Bristol, anónima casi completamente, mientras que millones de personas en el mundo existen gracias a la técnica que sus padres ayudaron a perfeccionar.
Una placa de vidrio. Una aguja. La terquedad de dos hombres que nadie creía. A veces la historia no cambia porque alguien tenga una visión grandiosa. Cambia porque alguien necesita desesperadamente un bebé y hay un médico lo bastante loco para intentarlo.