Daily History
Guerra y conflicto

El Enola Gay parte hacia Hiroshima, iniciando la era nuclear

Tinian Island, Pacific Ocean

El Enola Gay parte hacia Hiroshima, iniciando la era nuclear — Tinian Island, Pacific Ocean
Imagen: Photo taken by 509th photographer Pfc. Armen Shamlian. · Public domain

Un bombardero B-29 despegó de una isla del Pacífico a las 2:45 de la mañana con una carga que pesaba 4 toneladas y media, y 12 hombres a bordo sabían exactamente qué llevaban: el fin de una era.

El Enola Gay —nombrado así por la madre del piloto, Paul Tibbets— no era un avión especial a primera vista. Era un B-29 Superfortress como otros 3.970 que volaban en la guerra del Pacífico. Lo especial estaba en la bodega: una bomba llamada "Little Boy", de apenas 64 centímetros de diámetro, construida con uranio enriquecido en Oak Ridge, Tennessee, mediante un proceso que costó 2.000 millones de dólares —más dinero que el presupuesto de defensa de Canadá en 1945.

Tibbets tenía 30 años. Volaba desde 1937. Había completado 25 misiones de bombardeo sobre Alemania antes de que lo reclutaran para esto. Le dijeron que llevaba una bomba. No le dijeron cómo funcionaba. Nadie en el avión lo sabía excepto el oficial de armamento, quien tenía órdenes de disparar el arma si el aparato se estrellaba en tierra enemiga, porque el riesgo de que los japoneses capturaran uranio enriquecido era demasiado alto para permitir que sucediera.

El vuelo duraría 6 horas y 27 minutos. Volaban a 9.700 metros de altitud. La temperatura afuera era de 56 grados bajo cero. Hiroshima estaba a 2.400 kilómetros de distancia.

El Enola Gay parte hacia Hiroshima, iniciando la era nuclear — Tinian Island, Pacific Ocean
Imagen: The original uploader was Veinsworld at German Wikipedia. (Original text: US Air Force) · Public domain

Lo extraordinario es cuánta gente no sabía qué estaba sucediendo. Los pilotos de escolta —dos B-29 más que volaban a los lados— no lo sabían. Los oficiales en Tinian que vieron despegar el avión sabían que era importante, pero no exactamente qué. El presidente Truman estaba en el camino de regreso de la conferencia de Potsdam cuando le notificaron, 16 horas después del despegue. Incluso el Secretario de Guerra, Henry Stimson, se enteró después de que ya había sucedido.

Lo que nadie anticipó fue cuán rápido todo terminaría. Hiroshima tenía 350.000 habitantes. A las 8:15 de la mañana, hora local, cuando la bomba detonó a 600 metros sobre la ciudad, la temperatura en el suelo alcanzó 3.900 grados Celsius. En 0,0001 segundos, la presión fue 35 veces mayor que la del aire normal. Setenta mil personas murieron instantáneamente. Otros 70.000 morirían en los siguientes cinco años por quemaduras y radiación.

Tibbets nunca vio a Hiroshima. Vio el destello. Luego giró el avión hacia casa.

El Enola Gay parte hacia Hiroshima, iniciando la era nuclear — Tinian Island, Pacific Ocean
Imagen: Unknown authorUnknown author · Public domain

Lo irónico es que después de gastar 2.000 millones de dólares en construir un arma nuclear, Estados Unidos tardó exactamente 8 días en construir otra. "Fat Man", la bomba que cayó sobre Nagasaki, fue cargada en otro B-29 el 9 de agosto. Japón se rindió 6 días después. La guerra que costó 85 millones de vidas terminó porque dos ciudades fueron borradas en una semana.

Tibbets vivió hasta los 82 años. Nunca pidió perdón. Dijo que dormía bien. Es posible que haya estado mintiendo. Es más probable que estuviera diciendo la verdad.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Enola Gay

Guerra y conflicto

Ataques de Al-Qaeda a embajadas estadounidenses en Nairobi y Dar es Salaam

Nairobi, Kenya and Dar es Salaam, Tanzania

Ataques de Al-Qaeda a embajadas estadounidenses en Nairobi y Dar es Salaam — Nairobi, Kenya and Dar es Salaam, Tanzania
Imagen: IDF Spokesperson's Unit photographer · CC BY-SA 3.0

Un edificio de oficinas en el centro de Nairobi, construido con la indiferencia de quien cree que sus muros son invisibles. Eso era la embajada estadounidense el 4 de agosto de 1998, un viernes normal en una ciudad normal, con empleados que llegaban al trabajo, secretarias que preparaban café, marines que vigilaban puertas que nadie esperaba que necesitaran vigilancia real. El mundo funcionaba bajo una suposición cómoda: el terrorismo ocurría en otros lugares, lugares que uno veía en las noticias pero que no tocaban las rutas diarias de la gente que uno conocía.

A las 10:39 de la mañana, esa suposición se convirtió en escombros.

Un camión lleno de explosivos —la cantidad exacta sigue siendo clasificada, pero suficiente para literalmente volar un edificio de hormigón de siete pisos— se estacionó frente al edificio. No fue un ataque sofisticado. No fue un comando entrenado en tácticas especiales. Fue, en su esencia, una ecuación brutal: explosivo + proximidad + horario de trabajo = 213 personas muertas en Nairobi, 11 más en Dar es Salaam, Tanzania, donde un segundo camión detonó casi al mismo tiempo, como si alguien hubiera tocado dos botones de un control remoto separados por mil kilómetros.

Ataques de Al-Qaeda a embajadas estadounidenses en Nairobi y Dar es Salaam — Nairobi, Kenya and Dar es Salaam, Tanzania
Imagen: 天然ガス · CC BY-SA 3.0

Esto es lo que fascinaba a los investigadores después: la precisión del timing. No era suerte. Era planificación. Al-Qaeda, dirigida por Osama bin Laden, había estado preparando esto durante meses. Habían alquilado una casa en Nairobi, habían estudiado los patrones de seguridad, habían esperado el momento exacto. Lo que la mayoría de la gente no sabía entonces —y muchos siguen sin saber— es que bin Laden había declarado públicamente su intención de atacar objetivos estadounidenses en África Oriental años antes. Nadie lo tomó en serio. O más precisamente: alguien lo tomó en serio en Washington, pero esa seriedad no llegó a Nairobi en forma de medidas de seguridad que hubieran importado.

El mecanismo del ataque mismo era ingeniero de una manera perturbadora. No era una bomba sofisticada. Era volumen puro. Un camión. Explosivos. Estacionamiento subterráneo. La física hace el resto: una onda expansiva que no distingue entre un soldado y un secretario, entre un diplomático y alguien que solo necesitaba un trabajo para pagar la renta.

Ataques de Al-Qaeda a embajadas estadounidenses en Nairobi y Dar es Salaam — Nairobi, Kenya and Dar es Salaam, Tanzania
Imagen: US gov · Public domain

Lo que cambió después no fue pequeño. Estados Unidos pasó de asumir que sus embajadas en ciudades africanas eran relativamente seguras a fortificarlas como búnkeres. Los protocolos de seguridad se multiplicaron. El concepto de una amenaza global, coordenada, que podía golpear simultáneamente en dos países, dejó de ser una posibilidad teórica. Se convirtió en realidad operativa.

Tres años después, en 2001, cuando los aviones golpearon Nueva York, nadie estaba realmente sorprendido de que Al-Qaeda fuera capaz de ejecutar algo así. Nairobi ya lo había mostrado. Habían demostrado que podían pensar en grande, coordinar entre continentes, ejecutar planes complejos. El 5 de agosto de 1998 no fue el comienzo de la guerra global contra el terrorismo —ese título pertenece a otro día, otro año. Fue, más bien, la prueba de concepto. El ensayo técnico. El momento en que el mundo descubrió que el enemigo no solo existía, sino que sabía exactamente cómo golpear.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/1998 United States embassy bombings

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