Daily History
Guerra y conflicto

La Bomba Atómica Destruye Hiroshima

Hiroshima, Japan

La Bomba Atómica Destruye Hiroshima — Hiroshima, Japan
Imagen: George R. Caron / Charles Levy · Public domain

Un piloto estadounidense llamado Paul Tibbets despertó el 6 de agosto de 1945 sabiendo que volaría un avión llamado Enola Gay hacia una ciudad que probablemente nunca había oído nombrar. No sabía exactamente qué llevaba en la bodega de carga. Nadie se lo había dicho. Tibbets era un soldado obediente, así que no preguntó. Lo que sí sabía era que esa mañana estaba a punto de matar a más personas que cualquier ser humano en la historia militar hasta ese momento, todo en un solo segundo.

La bomba atómica no era realmente una sorpresa para la ciencia en 1945. Los físicos europeos ya habían descubierto la fisión nuclear en 1938. Lo que pasó después fue una carrera delirante: los alemanes podían construir una. Los estadounidenses no podían permitir que ganaran esa carrera. El Proyecto Manhattan nació de esa paranoia, un esfuerzo de 130.000 personas repartidas en secreto por todo Estados Unidos, gastando 2.000 millones de dólares (en dinero de los años cuarenta) para construir lo que esencialmente era un arma capaz de hacer que el sol explotara en miniatura sobre una ciudad.

Pero aquí está la parte que nadie recuerda: cuando Tibbets despegó de Tinian Island esa mañana, los alemanes ya habían rendido tres meses antes. La carrera había terminado. Los físicos sabían esto. Los militares sabían esto. Y sin embargo, la bomba viajó de todas formas.

La Bomba Atómica Destruye Hiroshima — Hiroshima, Japan
Imagen: ENERGY.GOV · Public domain

Hiroshima fue elegida porque todavía no había sido bombardeada masivamente. Los generales queraban ver claramente los efectos de su nueva arma. Una ciudad intacta era un lienzo perfecto. Cuando la bomba explotó a las 8:15 de la mañana, 70.000 a 80.000 personas murieron instantáneamente. Para fin de año, las quemaduras, las infecciones y la enfermedad por radiación llevaron el total a más de 140.000. De los 76.000 edificios de Hiroshima, 70.000 fueron destruidos o seriamente dañados.

Lo fascinante y aterrador es cómo funcionaba. La bomba no necesitaba impactar el suelo. Un barómetro dentro del artefacto medía la presión del aire mientras caía. A 600 metros sobre la ciudad, detonó. A esa altura, la explosión se expandía en todas direcciones sin obstáculos. El calor alcanzó 3.600 grados Celsius. Las personas a menos de un kilómetro fueron vaporizadas; sus sombras quedaron quemadas en el asfalto y los edificios. Otros fueron quemados vivos desde el interior por la radiación térmica.

La Bomba Atómica Destruye Hiroshima — Hiroshima, Japan
Imagen: Army Map Service · Public domain

Paul Tibbets vivió 92 años después de eso. Murió en 2007 sin arrepentirse públicamente. Dijo que simplemente había obedecido órdenes. Tres días después de Hiroshima, otra bomba cayó sobre Nagasaki. Japón se rindió una semana después.

Lo extraño es esto: la mayoría de las personas cree que la bomba atómica terminó la Segunda Guerra Mundial. Es verdad a medias. Lo que realmente terminó la guerra fue que los soviéticos entraron en combate contra Japón cuatro días después de Hiroshima, algo que los militares estadounidenses ya sabían que sucedería. El Ejército Rojo invadió Manchuria y Japón supo que estaba terminado. La bomba no cambió el resultado; solo aceleró el calendario. Lo que sí cambió fue todo lo demás: la política mundial, la carrera armamentista nuclear, la amenaza de extinción que ahora colgaba sobre la especie humana. Un piloto que simplemente obedecía órdenes había entregado el futuro a personas que aún no habían nacido.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Atomic bombings of Hiroshima and Nagasaki

Exploración

El Rover Curiosity Aterrizaje en Marte

Gale Crater, Mars

El Rover Curiosity Aterrizaje en Marte — Gale Crater, Mars
Imagen: NASA · Public domain

Un rover del tamaño de un automóvil cayó desde el cielo en Marte el 6 de agosto de 2012, se posó sobre seis ruedas en el polvo rojo de un cráter antiguo, y comenzó a transmitir fotos de un planeta que nadie había pisado jamás.

Esta es la parte que todos recuerdan: el Curiosity aterrizó. Pero lo que nadie esperaba era lo que pasó el día anterior.

El 5 de agosto de 2012 fue un domingo ordinario en la Tierra. En Norteamérica, la gente dormía tranquila con la certeza de que Marte era un desierto muerto, un punto rojo en el cielo sin nada que decir. Los científicos de la NASA habían pasado ocho años y 2.500 millones de dólares construyendo una máquina para hacer una pregunta simple: ¿Pudo haber existido vida aquí? Pero la pregunta parecía casi retórica. Marte era Marte. Rojo, árido, definitivamente vacío.

Luego el rover se lanzó hacia abajo a 21.000 kilómetros por hora.

Lo que sucedió en los siguientes siete minutos fue lo que los ingenieros llamaban "los siete minutos de terror". No había comunicación en tiempo real. La nave estaba demasiado lejos; cualquier señal tardaba catorce minutos en llegar a la Tierra. Así que mientras los científicos en Pasadena, California miraban sus pantallas esperando noticias, el Curiosity estaba solo en la atmósfera marciana, ejecutando una secuencia de maniobras que había sido programada meses atrás con una precisión casi religiosa. Un paracaídas de diecisiete metros se desplegó. Cohetes de retroceso dispararon. Una plataforma de descenso de aluminio bajó el rover mediante cables de nylon.

El Rover Curiosity Aterrizaje en Marte — Gale Crater, Mars
Imagen: NASA · Public domain

Y entonces, silencio. Esperando.

El Curiosity aterrizó a las 10:32 de la mañana, hora de la costa de California. Cuando la confirmación llegó catorce minutos después, los científicos en el control de la misión perdieron la compostura. Hombres y mujeres que habían dedicado años a ecuaciones y cálculos se abrazaban y lloraban. Uno de ellos, Doug Ellison, quien había pasado una década trabajando en los sistemas de navegación, simplemente se quedó mirando la pantalla. "Estamos en Marte", dijo. Como si todavía no lo creyera.

Lo que cambió no fue solo que teníamos un robot en otro planeta. Era lo que ese robot podía hacer. El Curiosity no era un explorador pasivo. Llevaba un láser que podía vaporizar rocas desde siete metros de distancia para analizar su composición. Tenía un brazo robótico con herramientas de perforación. Tenía una cámara de alta resolución que podría enviar fotografías tan claras que verías texturas en las rocas marcianas.

Y lo más extraño: llevaba en su vientre un pequeño laboratorio de química que podía detectar moléculas orgánicas. Podía buscar los bloques de construcción de la vida.

El Rover Curiosity Aterrizaje en Marte — Gale Crater, Mars
Imagen: Idaho National Laboratory · CC BY 2.0

En los años siguientes, el Curiosity encontraría evidencia de que Marte alguna vez tuvo agua líquida en su superficie. Encontraría metano en la atmósfera. Encontraría compuestos orgánicos en las rocas. No encontró vida, pero encontró algo casi más intrigante: las condiciones donde la vida pudo haber existido.

Pero aquí está la parte que nadie menciona cuando hablan de este logro: mientras el Curiosity exploraba Marte en 2012, la mayoría de la humanidad seguía con su vida sin enterarse. No fue tendencia en Twitter. No fue portada de los periódicos principales. Fue una noticia de tecnología, importante para algunos, invisible para la mayoría.

Una máquina viajó 560 millones de kilómetros para responder la pregunta más antigua de la humanidad, y casi nadie estaba mirando.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Curiosity (rover)

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