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Exploración

Colón Llega a las Islas Canarias en su Primer Viaje

Canary Islands, Spain

Colón Llega a las Islas Canarias en su Primer Viaje — Canary Islands, Spain
Imagen: Sebastiano del Piombo · Public domain

Es el 12 de agosto de 1492. No hay tambores, ni multitudes vitoreando, solo el persistente chirrido de una bomba de achique. La expedición de Cristóbal Colón no está haciendo historia, está intentando sobrevivir al Atlántico. Y en este momento, eso significa amarrar en La Gomera, la más pequeña de las Islas Canarias, para solucionar un problema bastante prosaico: el timón de la Pinta, dañado por una tormenta, y la vela de la Niña, que simplemente no era la adecuada para lo que se avecinaba.

Colón, un genovés de unos 41 años, cuya verdadera fecha de nacimiento es un misterio tan elusivo como su destino final, se aferraba a sus cálculos con una fe que rozaba la terquedad. Él no era un cartógrafo cualquiera; era un hombre convencido de que Asia estaba a un tiro de piedra del Atlántico, una idea que, con el debido respeto a su audacia, era fundamentalmente errónea. Pero su error era el motor de este viaje. Junto a él, Martín Alonso Pinzón, el experimentado marinero de Palos, de unos 50 años, capitán de la Pinta y socio inversor en la aventura, probablemente observaba la fe de Colón con una mezcla de admiración y un realismo más pegado a la sal del mar. Pinzón, de hecho, había ayudado a reclutar a muchos de los 90 hombres a bordo, prometiéndoles riquezas y, quizás, el regreso a casa.

Los marineros, en su mayoría andaluces, algunos veteranos endurecidos por las rutas mediterráneas, otros jóvenes asustados que nunca habían visto el horizonte sin tierra, se afanaban en las reparaciones. Diego de Arana, el alguacil de la Santa María, pariente de la amante de Colón, probablemente supervisaba el cargamento de leña, agua dulce, carne salada y quesos de cabra. Estos hombres no pensaban en el «descubrimiento de un nuevo mundo»; pensaban en la siguiente comida, en el calor del sol canario después de las brisas atlánticas, y en la posibilidad de que sus pequeñas carabelas resistieran lo que fuera que les esperaba más allá de estas últimas islas conocidas.

Colón Llega a las Islas Canarias en su Primer Viaje — Canary Islands, Spain
Imagen: Ettorre (gregorio) mail: ettorre@gmail.com · CC BY-SA 4.0

La Gomera era, en ese momento, una avanzadilla europea, un crisol de colonos castellanos y los últimos vestigios de la cultura guanche. La flota de Colón, con sus tres barcos (la Santa María, la Pinta y la Niña), no era una visión única para los habitantes de San Sebastián de La Gomera. Durante semanas, la gente local, acostumbrada al ir y venir de los barcos que comerciaban con azúcar y esclavos, observó las reparaciones. Los marineros, mientras tanto, no solo reparaban timones, sino que también se reabastecían de valor, o al menos de la ilusión de tenerlo, antes de adentrarse en lo que muchos creían que era el borde del mundo.

Uno de los detalles más curiosos de esta escala es que Colón tuvo un romance con la gobernadora de La Gomera, Beatriz de Bobadilla y Ossorio, una mujer de carácter fuerte, conocida por su belleza y su pasado turbulento. La historia cuenta que la Santa María permaneció anclada en el puerto de San Sebastián más tiempo del necesario, quizás por los encantos de la gobernadora o quizás por la necesidad de una pieza crucial que tardaba en llegar para la Pinta, fabricada por un carpintero local. Los hombres a bordo, por su parte, aprovechaban para intercambiar baratijas por productos frescos y para visitar las tabernas antes de que el mundo conocido se desvaneciera en su estela.

Colón Llega a las Islas Canarias en su Primer Viaje — Canary Islands, Spain
Imagen: Twice25 e Rinina25 · CC BY 2.5

Finalmente, el 6 de septiembre, con los barcos reparados y reabastecidos, Colón zarpa. Atrás deja las últimas luces de Europa, la comodidad de la tierra firme y, quizás, un último romance. Los marineros miran hacia el oeste, hacia un horizonte vacío, sin saber que sus esfuerzos en reparar un timón y ajustar una vela en las Canarias no eran el final de su viaje, sino el umbral de una transformación global que nadie, y menos que nadie ellos mismos, podría haber imaginado. Lo que quedaba era la inmensidad azul y la certeza de que, para bien o para mal, no había vuelta atrás.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Christopher Columbus

Guerra y conflicto

Cruzados Ganan Batalla de Ascalón, Fin de la Primera Cruzada

Ascalon, Israel

Cruzados Ganan Batalla de Ascalón, Fin de la Primera Cruzada — Ascalon, Israel
Imagen: Unknown authorUnknown author · Public domain

Apenas un mes después de la brutal toma de Jerusalén, los cruzados, agotados y con la mayoría de sus ejércitos dispersándose para volver a casa, se encuentran de nuevo frente a una amenaza existencial. La ciudad santa, recién conquistada, debe ser defendida. Al-Afdal Shahanshah, visir fatimí de Egipto, no ha aceptado la derrota. Ha marchado con un ejército formidable, estimado en decenas de miles, hasta las puertas de Ascalón, con la clara intención de recuperar lo perdido.

El 11 de agosto de 1099, los exploradores francos divisan el inmenso campamento fatimí. Godfrey de Bouillon, nombrado Defensor del Santo Sepulcro, apenas cuenta con unos pocos miles de hombres: quizás 1.200 caballeros y 9.000 infantes, una fuerza ridículamente pequeña comparada con la del enemigo. Muchos de sus barones ya han partido. Sin embargo, la moral es alta, impulsada por la reciente victoria y el fervor religioso. Los soldados, que han visto milagros en Jerusalén, creen que Dios está de su lado.

La mañana del 12 de agosto amanece en Ascalón. El campamento fatimí está en un estado de desorden absoluto. Al-Afdal, confiado en su superioridad numérica, no ha fortificado adecuadamente su posición ni ha desplegado guardias con la debida diligencia. Los animales de sacrificio, bueyes y camellos, pastan tranquilamente. Es un error que los cruzados no desaprovecharán.

Cruzados Ganan Batalla de Ascalón, Fin de la Primera Cruzada — Ascalon, Israel
Imagen: 13th century painter · Public domain

Ahora, el sol se eleva sobre el desierto. Los cruzados se forman rápidamente. Godfrey de Bouillon y Roberto de Flandes comandan el ala izquierda. Raimundo de Tolosa, el ala derecha. Roberto de Normandía y Gastón IV de Bearne ocupan el centro. La caballería pesada franca, ese ariete acorazado, se dispone en cuña, una táctica que ha demostrado ser devastadora contra formaciones más ligeras.

De repente, suena la trompeta. El estruendo es ensordecedor. La caballería de Godfrey carga primero, un torrente de acero y fe. No hay tiempo para maniobras complejas. Es una embestida frontal y brutal contra un enemigo desorganizado. Los fatimíes, sorprendidos en sus tiendas, apenas tienen tiempo de armarse. El pánico cunde. Los arqueros sudaneses, la espina dorsal del ejército fatimí, intentan formar líneas, pero son arrollados antes de poder disparar una salva efectiva.

Cruzados Ganan Batalla de Ascalón, Fin de la Primera Cruzada — Ascalon, Israel
Imagen: Jean Colombe · Public domain

Los infantes francos, siguiendo de cerca a la caballería, se abren paso a través de los campamentos, transformando la batalla en una masacre. La resistencia es esporádica y descoordinada. Los fatimíes no luchan como una unidad coherente; luchan por sobrevivir. Miles huyen hacia las puertas de Ascalón, creando un cuello de botella fatal. Otros se lanzan al mar, buscando una salvación que muchos no encontrarán. El propio visir Al-Afdal logra escapar por poco, abandonando su estandarte y su tesoro.

En cuestión de horas, la batalla ha terminado. El campo está sembrado de muertos fatimíes, sus tiendas saqueadas, sus provisiones incautadas. Los cruzados han capturado un botín inmenso, incluyendo el estandarte personal de Al-Afdal y no menos de cien mil camellos y bueyes, que se utilizarán para alimentar a Jerusalén. Las bajas cruzadas son mínimas, un par de cientos a lo sumo. Es una victoria tan aplastante como improbable, asegurando la existencia del Reino de Jerusalén por un tiempo, al menos por ahora.

Sin embargo, la ironía no tarda en manifestarse. A pesar de la victoria decisiva, Ascalón, la ciudad costera, permanece en manos fatimíes. Los líderes cruzados, divididos por las recompensas de la guerra y las rivalidades territoriales, no logran ponerse de acuerdo para asediarla. La ciudad se convertirá en una espina constante en el costado del nuevo reino, una base de operaciones fatimí que seguirá hostigando las rutas comerciales y las fronteras durante más de medio siglo. La última gran batalla de la Primera Cruzada termina con una victoria rotunda, pero también con una oportunidad perdida, sembrando las semillas de futuros conflictos.

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/First Crusade

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