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Política y Estado

Odoacro Proclamado Rey de Italia, Fin del Imperio Romano de Occidente

Italy

Odoacro Proclamado Rey de Italia, Fin del Imperio Romano de Occidente — Italy
Imagen: British Museum (photo) · CC BY-SA 4.0

A veces, el fin de una era no llega con el estruendo de una trompeta o el colapso de un muro, sino con el modesto traqueteo de una mula cargando una diadema imperial. El 4 de septiembre del año 476, en la opulenta, pero ya por entonces algo oxidada, Ravenna, un joven de unos dieciséis años llamado Rómulo Augústulo fue despojado de sus vestiduras púrpuras. Su nombre, una cruel broma del destino, evocaba al fundador de Roma y a su primer emperador. Él era, en cambio, el último, un monarca-niño cuya mayor habilidad era firmar los edictos que su padre, el general Orestes, le ponía delante.

El día anterior, la fachada de la autoridad imperial romana, aunque agrietada y remendada, seguía en pie. Todavía existía un “emperador” en Occidente, un título que, a pesar de su vacía resonancia, mantenía la ilusión de una continuidad milenaria. Los ciudadanos, o lo que quedaba de ellos, vivían bajo la sombra de un poder que, si bien incapaz de protegerlos eficazmente de las incursiones bárbaras, al menos ofrecía una estructura, una referencia, una promesa de orden. Se asumía que, por muy mal que fuera todo, siempre habría un emperador en Roma, o al menos en Italia, un faro de civilización, por tenue que fuese. Los senadores, con su pomposa gravitas, seguían reuniéndose, debatiendo, y en el fondo, esperando que la interminable crisis se resolviera con una nueva purga palaciega y un nuevo títere en el trono.

Pero Odoacro, el jefe de los hérulos, los esciros y otros contingentes germánicos que formaban el grueso del ejército de Italia, tenía otras ideas. Sus tropas, mercenarios antes que leales, habían exigido tierras para asentarse, un pago por sus servicios a un imperio que apenas podía pagar sus propias deudas. Orestes, el padre de Rómulo, se había negado. La respuesta de Odoacro fue contundente: asedió Pavía, capturó a Orestes y lo ejecutó. La siguiente parada fue Ravenna.

Odoacro Proclamado Rey de Italia, Fin del Imperio Romano de Occidente — Italy
Imagen: 589holl · CC BY-SA 3.0

El 4 de septiembre, sin una batalla épica, sin un gran baño de sangre en la capital, Odoacro depuso a Rómulo Augústulo. No lo mató, lo cual ya era un gesto de una sorprendente, casi burguesa, modernidad para la época. En su lugar, le concedió una pensión y lo envió al exilio a una villa en Campania. Y aquí reside la sutil, pero demoledora, ironía: Odoacro no se proclamó emperador. Envió las insignias imperiales —la diadema, la capa púrpura— al emperador de Oriente, Zenón, en Constantinopla, declarando que un solo emperador era suficiente para ambos mundos. Él mismo adoptó el título de *rex Italiae*, “Rey de Italia”.

El cambio fue instantáneo y profundo. De la noche a la mañana, el concepto de un Imperio Romano de Occidente, con su linaje de Césares y su pretensión de gobierno universal, dejó de existir. No hubo un colapso apocalíptico, sino una renuncia burocrática, una admisión de que el espectáculo ya no valía la pena. Un jefe germánico, que apenas unos años antes era un oscuro líder tribal, ahora gobernaba Italia con el beneplácito de lo que quedaba del Senado romano. La gente se fue a dormir con un emperador y despertó con un rey bárbaro, y la mayoría, probablemente, lo único que notó fue que la recaudación de impuestos seguía siendo igual de eficiente. La Antigüedad tardía, con sus últimos estertores imperiales, había cedido el paso a algo nuevo, a la Edad Media, no con un rugido, sino con el suspiro cansado de un adolescente que entregaba su corona.

Odoacro Proclamado Rey de Italia, Fin del Imperio Romano de Occidente — Italy
Imagen: Bernhard Mörlins (B. Moerlins) · Public domain

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Odoacer

Guerra y conflicto

Masacre de San Bartolomé

Paris, France

Masacre de San Bartolomé — Paris, France
Imagen: François Dubois 1529-1584 · Public domain

Lo que la historia oficial a menudo susurra, pero rara vez grita, sobre la Noche de San Bartolomé no es la masacre en sí —eso es innegable—, sino la cadena de decisiones chapuceras y el pánico real que la precedieron. Pocos recuerdan que este horror genocida en París, el 23 de agosto de 1572, no empezó como un plan maestro para aniquilar a los hugonotes. En realidad, fue un intento desesperado de la corona francesa por salvar una boda real que prometía la paz, y que se había torcido de la forma más catastrófica imaginable.

Imagina la escena: París, agosto de 1572. La ciudad bulle con la boda de Margarita de Valois, hermana del rey católico Carlos IX, con el hugonote Enrique de Navarra. Este matrimonio, un audaz intento de reconciliación entre católicos y protestantes tras años de guerras religiosas, había atraído a la capital a miles de nobles hugonotes, incluyendo a su líder más influyente, el almirante Gaspard de Coligny. Coligny, un veterano militar y confidente del joven rey Carlos IX, se había vuelto una espina en el costado de la reina madre, Catalina de Médici, que veía su creciente influencia como una amenaza a su propio poder y a la estabilidad de la monarquía. La paradoja es mordaz: la paz se construía sobre un polvorín de intrigas palaciegas.

La cosa se desbocó el 22 de agosto. Coligny, saliendo del Louvre, fue alcanzado por un disparo de arcabuz. No murió, pero quedó gravemente herido. Este atentado, casi con certeza orquestado por la facción de los Guisa (católicos ultra-radicales) o, lo que es más impactante, por la propia Catalina de Médici, fue el detonante. La intención no era desatar una masacre general, sino eliminar a un rival político incómodo. Pero el intento fallido tuvo un efecto contrario: los hugonotes, sintiéndose traicionados y exigiendo justicia, amenazaron con represalias. El ambiente en París, ya cargado de tensión religiosa y resentimiento popular hacia los protestantes, se volvió explosivo. La reina madre, presa del pánico ante la posibilidad de una guerra civil inminente en la capital, y temiendo que Coligny revelara su implicación en el atentado, tomó una decisión fatal.

Masacre de San Bartolomé — Paris, France
Imagen: Timers · CC BY-SA 4.0

Convenció a su indeciso hijo, el rey Carlos IX, de que la única manera de evitar una insurrección hugonote era adelantarse y eliminar a sus líderes más prominentes mientras aún estaban reunidos en París. La orden inicial era muy específica: matar a una docena de cabecillas hugonotes, incluyendo a Coligny. La idea era una purga quirúrgica, no un genocidio. El mecanismo de ejecución fue simple y brutal: las campanas de la iglesia de Saint-Germain-l'Auxerrois sonarían a medianoche como señal. Los guardias reales y las milicias parisinas, identificables con una cruz blanca en el sombrero, se encargarían del trabajo.

Pero aquí está el truco que lo cambió todo: la furia contenida de la población católica parisina. Cuando las campanas empezaron a sonar en la madrugada del 24 de agosto (la festividad de San Bartolomé), la turba, ya enardecida por años de propaganda anti-hugonote y por el reciente atentado, no se detuvo en los líderes. Los oficiales que debían llevar a cabo la purga inicial a menudo perdieron el control. Lo que comenzó como una orden real para eliminar a unos pocos se transformó en una orgía de violencia indiscriminada. Los parisinos, que odiaban a los hugonotes tanto por razones religiosas como económicas (muchos eran comerciantes exitosos), se sumaron con entusiasmo. No había piedad. Coligny fue asesinado en su lecho y defenestrado; su cuerpo fue arrastrado por las calles. Se estima que en París, entre 2.000 y 3.000 hugonotes fueron masacrados en los primeros días. La matanza se extendió a otras ciudades de Francia, elevando el número de víctimas a quizás 10.000 o incluso 30.000 en las semanas siguientes. Lo que comenzó como una maniobra política desesperada para evitar una guerra, la encendió a una escala mucho mayor, y con una ferocidad que dejó a Europa atónita. El intento de asegurar la corona solo sirvió para teñir de sangre el futuro de Francia por décadas más.

Masacre de San Bartolomé — Paris, France
Imagen: Flemish school (UnknownUnknown ) · Public domain

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/French Wars of Religion

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