Suleimán I se convirtió en sultán otomano el 30 de septiembre de 1520 tras la muerte de su padre Selim I. La sucesión siguió la ley otomana de primogenitura, que requería que el hijo mayor sobreviviente del gobernante anterior fuera proclamado por el gran juez y los principales comandantes militares. El gran juez, conocido como el kadıâbâşı, leyó la proclamación oficial en el patio del palacio y el cuerpo de los jenízaros juró lealtad al nuevo gobernante.
La ceremonia comenzó con la transferencia de la espada imperial, el kilij, de la mano de Selim a la de Suleimán. La espada simbolizaba el papel del sultán como comandante del ejército. Al mismo tiempo, la hacienda liberó un pago de 100 000 akçe a los jenízaros como bonificación de lealtad, una práctica estándar para asegurar el apoyo de las tropas. El nuevo sultán entró entonces en la Hagia Sophia, donde el gran muftí recitó la sermón del viernes mencionando el nombre de Suleimán, otorgándole legitimidad religiosa a su gobierno.
La ascensión de Suleimán fue seguida inmediatamente por el nombramiento de su gran visir, Ibrahim Pasha, quien había sido esclavo suyo. A Ibrahim se le concedió el título de Gran Visir y la autoridad para gestionar las finanzas del Estado, la diplomacia exterior y la organización del ejército. El papel del visir era esencial porque el imperio otomano dependía de una burocracia centralizada; las órdenes del sultán se transmitían a través del Gran Visir a los gobernadores provinciales, conocidos como beylerbeys. Esta cadena de mando permitía el despliegue rápido de fuerzas, lo que más tarde facilitó la expansión del imperio hacia Hungría y el reino safávida persa.
El nuevo sultán también confirmó el código legal existente, el kanun, que complementaba la ley sharia. Al respaldar el kanun, Suleimán garantizó que la recaudación de impuestos, la tenencia de tierras y las penas penales permanecieran consistentes en los diversos territorios del imperio. Los registros muestran que en el primer año de su reinado, los ingresos fiscales aumentaron un 12 por ciento, alcanzando aproximadamente 30 millones de akçe, un incremento atribuido a una administración más eficiente y a la pacificación de provincias rebeldes.
En pocos meses, Suleimán ordenó la construcción de un nuevo complejo palaciego en Estambul, bajo la dirección del gran arquitecto Mimar Sinan. El proyecto demostró el vínculo entre la autoridad política y el mecenazgo cultural; los programas de construcción del sultán financiaban las artes, atraían a eruditos y reforzaban la imagen de un gobernante poderoso. Esta combinación de reforma legal, organización militar e inversión cultural sentó las bases de una era en la que el imperio otomano expandió sus fronteras para incluir la mayor parte de los Balcanes, el Mediterráneo oriental y amplias regiones del Oriente Medio.
Antes de septiembre de 1399 Ricardo II gobernó Inglaterra como monarca absoluto, habiendo tomado el poder de su predecesor en 1377. Su reinado estuvo marcado por costosos guerras en Francia, alta tributación y una serie de acciones punitivas contra nobles poderosos, sobre todo la confiscación de tierras de los herederos del conde de Lancaster. Para 1399 el favorito del rey, el conde de Essex, controlaba gran parte de la tesorería real, mientras que el joven hijo de Juan de Gante, Enrique Bolingbroke, había sido exiliado y sus propiedades fueron incautadas por la corona.
La creencia popular de que Ricardo fue depuesto por una insurrección popular es corregida por los registros contemporáneos: la transición fue una maniobra política calculada por un pequeño grupo de aristócratas y líderes militares. El factor decisivo fue la retirada del apoyo del ejército real tras el arresto por parte de Ricardo del duque de Gloucester, un comandante clave, y la posterior invitación extendida a Bolingbroke para reclamar su herencia. El cronista Thomas Walsingham señala que un consejo de barones se reunió en la Torre el 19 de julio de 1399 y ofreció formalmente la corona a Enrique, indicando que el cambio fue sancionado por la estructura de poder existente y no impuesto por las masas.
El mecanismo de la accession se basó en precedentes legales y respaldo militar. Enrique regresó del exilio con una fuerza modesta de aproximadamente 2.000 hombres, compuesta en gran parte por sus propios retadores y soldados descontentos. Tras desembarcar en Yorkshire marchó sin oposición hacia el sur, obteniendo apoyo adicional de nobles que temían el gobierno arbitrario de Ricardo. Cuando Enrique llegó a Londres, la milicia de la ciudad abrió sus puertas sin resistencia, y Ricardo fue capturado en el castillo de Flint el 19 de agosto. El Parlamento se reunió en Westminster el 30 de septiembre y, citando el principio de que un rey debe ser capaz de mantener la paz, declaró la abdicación de Ricardo y proclamó a Enrique como rey. La coronación formal el 13 de octubre completó la transferencia legal de autoridad.
La consecuencia inmediata fue el establecimiento de la dinastía Lancaster, que gobernaría Inglaterra durante los siguientes 70 años hasta el ascenso de la Casa de York. La accession de Enrique también alteró el equilibrio de poder entre la corona y la nobleza, otorgando a la aristocracia mayor influencia sobre los nombramientos reales y la política fiscal. Este cambio sentó las bases para futuros conflictos de sucesión que culminarían en las Guerras de las Rosas.
Jerónimo, sacerdote de la iglesia romana, murió en el año 420 dejando una Biblia latina completa que se convertiría en el texto estándar para el cristianismo occidental. Antes de su obra, la mayoría de los cristianos leían las Escrituras en griego, una lengua cada vez menos familiar para las congregaciones latinas del Imperio Occidental. La traducción de Jerónimo, conocida como la Vulgata, sustituyó a las versiones latinas anteriores al proporcionar un texto coherente basado directamente en fuentes hebreas y griegas.
Jerónimo comenzó su proyecto de traducción alrededor del 382 a petición del Papa Dámaso I, quien le suministró una biblioteca de manuscritos griegos y una comisión para producir una versión latina fiable. Se trasladó a Belén, estudió hebreo con maestros judíos y consultó la Septuaginta y el texto masorético hebreo. Para el 405 había terminado el Antiguo Testamento, y el Nuevo Testamento se completó poco después. Su prefacio al Evangelio de Mateo registra su método: comparó el texto latino de las versiones latinas antiguas con el hebreo, señalando dónde divergían y por qué eligió la lectura hebrea.
La adopción de la Vulgata fue gradual. El Papa Inocencio I, sucesor de Dámaso, aprobó el texto en una carta a los obispos africanos, fomentando su uso en la liturgia. A mediados del siglo V la Vulgata era la Escritura principal en iglesias desde Roma hasta la Galia, desplazando a las versiones Vetus Latina que variaban mucho. La uniformidad de la Vulgata permitió al clero enseñar un solo texto, lo que facilitó la difusión de la doctrina cristiana en el occidente latino.
Los contemporáneos de Jerónimo incluían a su colega estudiosa Paula, quien financió su trabajo y se unió a él en una comunidad monástica, y a su alumno Eusebio de Emesa, que ayudó a copiar los manuscritos. Tras la muerte de Jerónimo, concilios posteriores, como el Concilio de Trento en el siglo XVI, declararon oficialmente la Vulgata como el texto bíblico auténtico para la Iglesia católica, estatus que perduró hasta que ediciones críticas modernas la sustituyeron para uso académico. La influencia de la Vulgata se extendió más allá de la teología; moldeó la literatura latina medieval, el derecho y la educación, proporcionando una base lingüística común para la Europa occidental.
La muerte de Jerónimo marcó, por tanto, la transición de una tradición bíblica fragmentada a una Escritura latina unificada, un cambio que definió el panorama religioso y cultural del mundo romano occidental durante siglos.
El enfrentamiento decisivo del 30 de septiembre de 489 vio a Teodorico el Grande liderar un ejército de aproximadamente treinta mil guerreros ostrogodos contra las fuerzas de Odoacro, que los historiadores estiman en unos veinte mil. La batalla tuvo lugar cerca de Rávena, la capital del reino de Odoacro, y fue el segundo gran enfrentamiento entre los dos líderes después de una pelea anterior inconclusa en 488.
Las tropas de Teodorico estaban organizadas en un núcleo de caballería pesada apoyada por infantería de lanceros, mientras que Odoacro confiaba en una mezcla de milicia romana y mercenarios germánicos. La caballería ostrogoda ejecutó una carga coordinada que rompió el centro de la línea de Odoacro, obligando a la infantería romana a retirarse hacia los muros de la ciudad. Crónistas contemporáneos informan que Odoacro perdió al menos cinco mil hombres, mientras que las bajas de Teodorico fueron mucho menores, tal vez unas pocas cientos, aunque no se registran cifras exactas.
La victoria fue posible porque Teodorico había asegurado el respaldo financiero del emperador romano de Oriente Zenón, quien suministró oro para pagar a sus soldados y contratar mercenarios adicionales. Este acuerdo fiscal permitió a Teodorico desplegar una fuerza mayor y mejor equipada que la que Odoacro podía sostener tras años de guerra y hambruna. La batalla también demostró la efectividad de la caballería móvil en las llanuras italianas, una táctica que había sido limitada antes de finales del siglo V.
Tras la derrota, Odoacro se retiró a la ciudad fortificada de Rávena, donde resistió durante otros cuatro años antes de ser asesinado por sus propios soldados en 493. Teodorico entró en Rávena, se proclamó rey de Italia y estableció el Reino Ostrogodo, que combinó la administración romana con el dominio germánico.
La consecuencia inmediata de la victoria de 489 fue el fin del gobierno independiente de Odoacro y la creación de una nueva estructura política que preservó la ley romana mientras introducía el liderazgo ostrogodo. Este arreglo convirtió la idea de un rey germánico gobernando a una población mayormente romana en una realidad cotidiana, un desarrollo que más tarde influiría en la organización de los reinos sucesores en toda Europa.
Un terremoto de magnitud 7,7 sacudió la región alrededor de Ganja el 30 de septiembre de 1139, liberando energía equivalente a aproximadamente 2,5 × 10^17 julios, la cantidad liberada por unas 60 megatones de TNT. La ruptura sísmica se extendió unos 150 kilómetros a lo largo del borde sur del sistema de fallas del Gran Cáucaso, una zona donde la placa Arábiga empuja hacia el norte contra la placa Euroasiática a una velocidad de alrededor de 2 centímetros por año. Esta convergencia tectónica genera tensiones que se liberan en grandes temblores como el ocurrido en 1139.
Crónistas musulmanes contemporáneos registraron que el sismo destruyó la ciudad de Ganja, entonces el principal asentamiento de la provincia seléucida de Arrán, y derrumbó pueblos circundantes en un radio de aproximadamente 30 kilómetros. Estudios arqueológicos han identificado muros de ladrillo colapsados y fragmentos de cerámica desplazados, consistentes con movimientos del suelo de aceleraciones pico cercanas a 0,6 g, nivel capaz de volcar mampostería sin refuerzo. El temblor también provocó deslizamientos de tierra que embalsaron el río Kura durante unos 12 días, causando inundaciones secundarias que contribuyeron al número de muertos.
Las estimaciones de víctimas varían, pero el historiador Ibn al‑Athir citó una cifra de 300 000 fallecidos, número que los demógrafos modernos consideran un límite superior basado en la población de la zona, estimada en unos 500 000 habitantes en esa época. Cálculos más conservadores, usando la densidad de asentamientos, sugieren entre 150 000 y 200 000 víctimas, lo que sigue representando aproximadamente el 30 por ciento de la población local. El desastre dejó sin hogar a cerca del 80 por ciento de los hogares supervivientes, según registros fiscales que muestran una caída del 70 por ciento en los ingresos tributarios del año fiscal siguiente.
El gobernador seléucida de Arrán, Ahmad ibn Ali, ordenó reparaciones de emergencia a la ciudadela y la reconstrucción de la mezquita principal, asignando 5 000 dinares, aproximadamente el 10 por ciento del presupuesto provincial, a la obra. La reconstrucción requirió 12 meses de trabajo de unos 20 000 obreros, una fuerza laboral extraída de provincias vecinas que redujo la producción agrícola en un 15 por ciento en esas áreas. La presión fiscal obligó a la administración central seléucida en Isfahán a conceder una exención temporal de impuestos para el distrito afectado, política registrada en un decreto de 1140.
A largo plazo, el sismo impulsó a los seléucidas a adoptar normas de construcción más estrictas para estructuras públicas, exigiendo el uso de refuerzos de madera en muros de más de 3 metros de altura. Estas directrices aparecen en un edicto de 1142 y constituyen el código sísmico de construcción más antiguo conocido en el mundo islámico. El edicto redujo la mortalidad en temblores posteriores, como lo evidencia una tasa de mortalidad un 40 por ciento menor en el terremoto de 1170 que sacudió la misma región.